•  |
  •  |
  • Edición Impresa

Algunos cambios sociales están dando lugar a una nueva situación que afecta de modo importante a la familia, que es la base de la sociedad humana, lo que consecuentemente afecta gravemente a la sociedad. ¿Cuáles son esos cambios?

El aumento de las “uniones libres” temporales, sin compromiso, o “de prueba”. El aumento de las rupturas o los divorcios. Los fuertes descensos de la natalidad, sobre todo en los países más desarrollados donde muchas personas prefieren tener una mascota que tener hijos. La llamada “liberalización” de las relaciones sexuales pretende reconocer como natural que un hombre y una mujer tengan relaciones sexuales por mero placer, apenas conociéndose, sin amor ni compromiso, a veces por solo una noche, pudiendo también ser hombre con hombre y mujer con mujer. El incremento de nacimientos fuera del matrimonio comprando semen o buscando un hombre-semental, un vientre de alquiler o mediante adopción, resultando niños con solo madre (o solo padre). El aborto, para liberarse de embarazos no deseados, generalmente por egoísmo y comodidad. El retraso en la edad de los pocos matrimonios que aún se celebran (27-30 años). El  retraso en el nacimiento del primer hijo (27-35 años).  No me refiero a situaciones involuntarias que se dan por errores o fatalidades, sino a situaciones expresas y fríamente deseadas, calculadas y procuradas.

Hay una distorsión de género en relación con las responsabilidades familiares, conyugales y de padres. O sea, se niega que el hombre y la mujer tengan sus propias y diferentes funciones naturales y características para ser el hombre, padre, y la mujer, madre. Y que ambos son necesarios para que los hijos reciban una formación que es complementaria. Existe una sobreexaltación del deseo de libertad y de realización personal que rechaza cualquier tipo de compromiso a mediano o largo plazo. Crece el egoísmo individualista. Se menosprecia el valor del matrimonio como una institución permanente, como si fuera un contrato que puede romperse fácilmente como un contrato comercial. Hay una ultradefensa de los derechos de los adultos en detrimento de los del niño. Otro mal, no menor, es la excesiva permisividad de los padres que no educan con disciplina a sus hijos bajo falsos conceptos que confunden “disciplina” con “maltrato”, con énfasis exagerado en complacer a los hijos hasta niveles no razonables, tanto por los peligros a los que se exponen como en detrimento de la economía familiar.

Aún en las familias de padre-madre-hijos hoy se dan cambios nocivos cuando por necesidades económicas o de realización personal ambos esposos trabajan fuera de casa y al llegar cansados no dedican “tiempo de calidad” a sus hijos. Los padres están frente al televisor o el Facebook, mientras los hijos están aparte con su propio televisor, videojuego o chateando. Los fines de semana cada cual toma por su lado. No hay comunicación, no hay interrelación, no hay tiempo de calidad compartido en familia. A los niños los educa la tecnología, no los padres.

Esto refleja que la familia está desapareciendo como tal y coincide con que Dios y la religión están desapareciendo de la vida familiar. ¡Algo en qué reflexionar seriamente! La fe en Dios y la religión compartida (como ir juntos a la iglesia y participar en la congregación) unen y aportan valores preciosos a las familias, que los hijos nunca aprenderán fuera. Veamos a nuestro alrededor: a medida que el mundo va apartando a Dios y a la religión, van desapareciendo las familias y aumentan los problemas mentales, emocionales, las depresiones, la agresividad, el consumo de drogas, la violencia… ¡Incluyamos a Dios en nuestras familias!

*Escritor.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus