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El 9 de septiembre de 2013, vio la luz en El Nuevo Diario mi escrito “El art. 37 constitucional debe reformarse". Mi sugerencia no encontró eco, se disipó en el vacío de un espacio cósmico.

"Cuando los diputados representan a la masa del pueblo, tienen que dar cuenta de sus actos y sus votos a sus representados. La naturaleza de las leyes humanas está sometida a todos los accidentes y a variar a medida que cambia la voluntad de los hombres. La Constitución de Roma y la de Atenas eran sabias; los acuerdos del Senado tenían fuerza de ley durante un año, pero no se hacían perpetuos si la voluntad del pueblo no los refrendaban”. Montesquieu (1689-1755) en "El espíritu de las leyes".

"En una legislación perfecta, la voluntad individual debe ser nula; la voluntad del Gobierno muy subordinada; y la voluntad soberana del pueblo, siempre dominante y única sobre todas las demás. La soberanía no puede ser representada, por la razón de ser inalienable; consiste esencialmente en la voluntad general, y la voluntad no puede ser representada. Los diputados del pueblo no son ni pueden ser sus representantes, son únicamente sus comisarios. Toda ley que el pueblo no ratifica, es nula. El pueblo inglés piensa que es libre, y se engaña: lo es solamente durante la elección de los miembros del Parlamento, tan pronto como estos son elegidos, vuelve a ser esclavo".  Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) en “El contrato social”. Rousseau coincide con Aristóteles (384-322 a. de C.) cuando este dice: "Es esclavo por naturaleza, el que se entrega a otro; y lo que lo obliga a entregarse a otro, es el no poder llegar a comprender la razón sino cuando otro se la muestra, pero sin poseerla en sí mismo".

En lo personal, no delego en otra la representación de mi voluntad, sobre todo cuando la honestidad anda escasa y la desconfianza alerta. En su obra "Introducción al Derecho", Sir Paul Vinogradoff ilustra: "Siendo el Derecho una institución humana, envejece no solo en sus normas y doctrinas concretas, sino también en su marco nacional e histórico. La demanda de depuración y reforma puede irse haciendo cada vez más apremiante en cada generación, pero su finalidad es la misma: la justicia".

Ya Aristóteles había sentenciado: "La razón nos dice que las leyes no pueden conservarse inmutables. La innovación ha sido siempre provechosa en todas las ciencias en que se ejercitan las facultades humanas; y como la política debe ocupar también un lugar entre las ciencias, es necesario aplicarle a ella los mismos principios". El libertador Simón Bolívar aconseja: "Para formar un legislador se necesita educarlo en una escuela de moral, de justicia y de leyes". ¿Por qué? "Porque al legislador toca educar a los ciudadanos en la virtud, conociendo los medios que conducen a ella y el fin esencial de la vida más digna", responde Aristóteles.
Queda demostrado pues, que un legislador no puede ser alguien improvisado, no puede ser tomado de la banca de un parque, ni de un tramo de un mercado. No solo merece reforma el art. 37, que condena igualmente a 30 años de prisión a quien mata a una persona y al que mata a una docena de ellas, hay otros que lo ameritan. Considerar atenuante el cometer un delito en estado etílico, es una aberración jurídica, lo mismo que rebajar la pena a quien se confiesa culpable. Las leyes de Pítaco, legislador griego, mandaban castigar con doble pena los delitos cometidos en estado de embriaguez. El objeto de las leyes es el de prevenir el delito, no el de estimularlo con paliativos absurdos.

“El Derecho no puede divorciarse de la Moral, ya que uno de sus componentes es la rectitud que corresponde a la calidad moral de la justicia”, advertía Vinogradoff.

Duro es reconocerlo, pero es razonable admitir, que nuestra legislación, después de casi doscientos años de independencia, está aún en estado embrionario. Si no se prestó atención a mi sugerencia, es porque la soberbia es sorda, olvidando que la voz del pueblo es la voz de Dios; que en una democracia, la participación es de todos, no de grupos selectos; que hasta Don Quijote pidió consejo al cándido Sancho Panza, y que el problema expuesto no es de interés personal, sino nacional.

*Escritor y poeta nicaragüense.

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