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Los niños son el mayor tesoro de una madre y de un país. Sin embargo, los niños también son víctimas de la violencia, a menudo indirectamente a través de sus madres. Las repercusiones de la violencia contra estas pequeñas víctimas en la sociedad son de gran alcance.  Comprometer su salud y su felicidad no solo es un asunto emocional sino también un importante asunto económico y fue estudiado en el contexto de un proyecto de investigación sobre Los Costos del Crimen y La Violencia en América Latina y el Caribe.

Si bien la violencia contra los hombres en gran parte es impersonal, las mujeres suelen ser agredidas en sus hogares por su propia pareja. No hay nada aleatorio en la violencia doméstica, que es una de las formas más generalizadas de violencia en América Latina y el Caribe.  La violencia doméstica afecta a las mujeres de diversas maneras, desde su estado civil y su empleo hasta su salud mental y física.  Sin embargo, la violencia contra las mujeres también afecta a sus hijos dado que la capacidad de una madre para cuidar a los suyos puede verse afectada negativamente. Por otro lado, puede tener un impacto en la salud y la educación de los niños, con todo lo que aquello implica para el ingreso familiar y nacional.

Los estudios que utilizan las Encuestas Nacionales de Demografía y Salud (ENDS) de Colombia, Haití, Honduras, Perú y República Dominicana, han facilitado el análisis de los efectos de la violencia doméstica en los niños más allá de los problemas de conducta y emocionales más evidentes que pueden surgir.  El estudio observa solo a niños por debajo de los seis años para evaluar si la violencia doméstica influye en la acumulación de capital humano de los niños antes de que estos vayan al colegio. Ya que la primera infancia ha sido definida como la etapa más crítica en la vida de un niño, este enfoque es importante.

Los resultados demuestran que la salud de los niños sufre de manera notoria cuando sus madres se ven sometidas a violencia física.  El impacto negativo comienza incluso antes de que nazcan; las madres que han sufrido violencia física tendrán menos probabilidades de haber asistido a las cuatro o más consultas prenatales recomendadas, con todo lo que aquello implica para el feto. Los niños tendrán una probabilidad de 15 puntos porcentuales adicionales de haber tenido diarrea en los últimos 15 días y tienden a tener una tasa de natalidad menor.

Además, los efectos no están limitados a resultados de corto plazo. Es menos probable que esos niños sean vacunados y la aplicación de la vacuna del sarampión será la más afectada. Por otro lado, los niños que nacen de madres que han sufrido violencia tienden a tener un menor tamaño.

Otro estudio sobre el efecto de los homicidios en los resultados de natalidad en Brasil proporciona aún más datos de que una exposición in útero a la violencia puede influir en la salud de un niño.  Concretamente, un homicidio adicional que tenga lugar en la vecindad del lugar de residencia de una mujer embarazada durante el primer trimestre del embarazo aumenta la probabilidad de un bajo peso al nacer en aproximadamente un 6%.

La mayor prematuridad, en lugar del retraso en el crecimiento intrauterino, parece ser la razón que explica un menor peso. Estos resultados son especialmente pronunciados entre los hijos de mujeres con una educación limitada, lo cual se suma a las desventajas que estos niños sufren debido a su menor estatus socioeconómico.

Las consecuencias de un bajo peso al nacer van mucho más allá de la infancia.  Numerosos estudios documentan los efectos sobre los resultados de largo plazo, como los logros educativos, la salud en etapas posteriores de la vida, la mortalidad y el rendimiento en el mercado laboral.  Los bebés con bajo peso al nacer se encuentran en un riesgo sustancialmente más alto de muerte neonatal o durante la infancia y tienen mayores probabilidades de tener que recurrir a la atención ambulatoria y a hospitalización durante la infancia, lo cual implica costos privados y sociales más altos. Entre aquellos que viven hasta llegar a la edad adulta, algunos pueden sufrir deficiencias cognitivas y neurológicas, típicamente relacionadas con un menor rendimiento educativo y una menor productividad en el empleo, así como tasas de morbilidad más altas debido a un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes e hipertensión.

Si bien la relación entre la violencia contra las mujeres y el bienestar de sus hijos existe, ¿se puede decir que realmente una es causa de la otra? Un experimento natural en Perú proporcionó evidencias de esta relación causal.  Los Centros Emergencia Mujer (CEM) son centros públicos que proporcionan servicios gratuitos para prevenir la violencia doméstica y tratar a sus víctimas. El Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social (MIMDES) creó el programa en marzo de 1999 y el número de centros aumentó de 13 en el primer año a 40 en 2004 y a 149 en 2012.

La expansión de los CEM a lo largo del tiempo y el espacio sirve como una fuente exógena de variación en la prevalencia de la violencia doméstica.  La presencia de un CEM en un distrito disminuye las probabilidades de que una mujer, sobre todo una mujer joven, sufra de violencia doméstica.  Además, la comparación de los resultados intangibles de niños en distritos con y sin CEM proporciona evidencias de que la violencia doméstica tiene un efecto causal negativo en la salud de los niños a corto plazo.

A la vez que los CEM brindan evidencias de que la violencia doméstica contra las mujeres provoca consecuencias adversas sobre la salud entre sus hijos, también constituyen una opción de las políticas para tratar el problema. Su presencia establece una diferencia real para las mujeres en Perú y ofrece un mecanismo que podría ser de utilidad para las mujeres (y sus hijos) en otros países de la región.

*Coordinadora de las publicaciones del Departamento de Investigación y el programa de difusión de la Fundación Interamericana.

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