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La derecha cree en los valores tradicionales; no quiere cambios sino de manera gradual, lenta. Favorece una moral pública. Usualmente se le vincula a gentes de grandes posesiones y riquezas. Favorece el status quo.

La izquierda va contra lo establecido, que desea reemplazar. Entre más se radicaliza, es más violenta. Preconiza una moral individual y libertina, controles al mercado, impuestos altos, y mayor inversión social. Es anti status quo.

Evidente, la derecha es más empresarial, productora o terrateniente. Pero, ¿es que esos oficios no permiten mucho tiempo para hacer política?

La gente que sabe que los ejes del progreso están en el mercado y la política, debería comprender que sus riquezas e inversiones estarían más seguras si se involucraren en el sistema que regula poder y libertades.

Cuando hay revoluciones, los que no tienen nada, no se angustian; son los que más poseen, los enfrentados al peligro de perderlo todo.

En Latinoamérica muchos sienten temor de calificarse de derecha y, eufemísticamente, se tildan de demócratas. ¿Por qué el temor… si todas las ideologías son opciones válidas y respetables?

¿Quiénes son de derecha en nuestra región?

El PAN en México, los conservadores en Nicaragua, el Partido Nacional en Honduras, ARENA en El Salvador, los conservadores en Colombia, el Partido Conservador Popular en Argentina, la Unión Democrática Independiente en Chile, el Partido Nacional en Uruguay, etc.

Solo en Guatemala, Honduras, Colombia, Panamá y Paraguay hay gobiernos de derecha. ¿Esto significa que la derecha está perdiendo terreno, está débil o realmente sigue más comprometida con hacer plata que con asegurarse ciertos espacios políticos?

Es cierto que hoy el juego político gravita más entre el centro y la izquierda: liberales, socialdemócrata y marxistas. Pero esto puede ser temporal. Nada es definitivo nunca.

Es obvio: en América Latina, la izquierda gana con los millones de desempleados, pobres, indígenas, afro-descendientes y marginados que son más proclives a arriesgarlo todo.

Para ellos, la política es una ventana de oportunidad y una escalera social.

En el corto plazo podría haber tres tendencias: 1) si menos personas se involucran en política de la calle, las redes sociales favorecerían opciones cómodas de participación: ¡política virtual sin riesgos! (Pero, las plataformas digitales no son todavía lo suficientemente masivas; al menos, en el corto plazo). ¿Cuántas formas más habrá de hacer política?; 2) ¿Y si la administración pública se privatiza… no habría más ideologías, ni política? Por otro lado; 3) si las ideologías declinan, ¿Se abriría el espacio para los no-partidos políticos? ¿La sociedad civil podría postular candidatos? Esto sí favorecería a la derecha. Pero también es probable, que en cualquier caso, la izquierda asuma todo como propio; como ya ha sucedido con la causa medio ambiental. Si la derecha sigue descuidando “los asuntos públicos”, la izquierda se irá apoderando del espectro ideológico. 

¿Surgirían nuevos grupos sociales con propuestas desideologizadas?

La izquierda comprende un principio básico: el poder lo dan las mayorías, no la razón, el dinero o la moral. Por ello, ha sido más evolutiva e integradora. Ha sabido acomodar a empresarios en China, intelectuales en Europa, curas y militares en América Latina. Además, siempre discute, propone, impugna, cuestiona; se moviliza actuando con firmeza y contundencia. Trabaja comprometida, sin descanso. La derecha tiende a ser menos desafiante y contenciosa. No discute ideas ni es callejera. Es foral y salonera. Es pasiva. Se limita a presiones cívicas y planteamientos harto-legales. 

La izquierda es exteriorista, agitadora; hace alianzas con quien sea; usa masivamente las plataformas públicas y digitales.

¿Esto hace la diferencia?

Sí; en mucho.  

Si todo sigue así  --con la izquierda liderada por socialdemócratas o liberales--, la derecha irá perdiendo terreno y liderazgo político. ¡Se puede caer el muro de la derecha!

Su salvación sería: que la derecha se reinvente, que la gente se informe mejor, que crezca significativamente la clase media. 

Cuando la gente está económicamente bien, se olvida de la política. ¡Pero ahora la izquierda es impulsora del bienestar económico!  

Hoy la izquierda tiene pujanza porque ha sabido apropiarse de ciertos recursos del adversario. Por ejemplo, el asunto del Estado de Derecho, es ya un arma que, astutamente, supo birlar.      

Para colmo, el mercado --el reino empresarial--, visto antes como un dominio exclusivo, independiente, hoy está condicionado por el poder político. ¡La izquierda ya lo vende como propio!    

La realidad: para la izquierda, la política ha sido una lucha  para imponerse; para la derecha, una tarea esporádica para sobrevivir. La izquierda se arriesga; la derecha se acomoda.  

¿Quién lleva las de perder?  

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