•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Hace un año, después de librar sus últimas batallas por la vida misma, partió físicamente nuestro amigo Juan Bautista Arríen. Hoy sigue presente porque su obra y vida, que la vivió a plenitud, “es una, pero no solo mía, porque la he hecho con multitud de personas que se han conectado con ella”.

En su libro, “La Vida más allá de uno”, nos habla desde la satisfacción con su nombre, que significaba “la alegría de Dios”, que lo acompañó como educador contribuyendo a “preparar a la gente para su bienestar, su desarrollo y del país, aunque también en ocasiones he sentido que mi voz clamaba en desierto, que se perdía sin haber logrado mis aspiraciones y mis ideales”.   

Una de sus principales características, tan necesaria en nuestros tiempos, fue su capacidad de ser gente, de platicar, relacionarse, tener la mente abierta y escuchar los criterios diversos de la gente, desde “Julio Buitrago, con quien solía tener una serie de discusiones en torno a la filosofía…”, pasando por “el alcalde Nicho Marenco” a quien consideraba “mi gran amigo”; Jaime Morales Carazo, de quien “fácil es comprender nuestra relación de aprecio, respeto y trabajo”; Alberto Chamorro, “ha estado conmigo en el trabajo, ideales, el afecto, la amistad, la coincidencia de muchísimas cosas y en la solidaridad; el grupo que tenía en el departamento de sociología y que me ayudó enormemente, integrado por mis amigos Francisco Lacayo, Orlando Núñez, Guillermo Rothschuh, Carlos Fernando Chamorro y Julio López”; “Mariano (Fiallos Oyanguren), a quien agradezco la amistad y unidad de criterios que expresamos en todo momento y que hayamos sabido interpretar la palabra universitaria y ser consecuentes con las ideas y visión de su padre, don Mariano Fiallos Gil”.

También con “Carlos Tünnermann, Fernando Cardenal y Guillermo Rosales, con quienes compartía ideas, sueños, ilusiones, aspiraciones”; incluso “después de varios años y retornada la serenidad de los espíritus, el Ministro (Humberto) Belli y yo mantuvimos una excelente relación personal, de mutuo aprecio, de reconocimiento a mi labor educativa, aunque no coincidiésemos en nuestras respectivas ideologías relativas a la educación”.

Con César Jerez y Xavier Gorostiaga, “dos personalidades cumbres en la historia de la UCA”; el primero “más consolidador, afianzador de ideas, de ideales, quien supo recuperar el ethos, personalidad y esencia de la UCA; el segundo más creador, un visionario que nunca estaba satisfecho de sí mismo porque siempre tenía delante una nueva idea que no cabía en espacios reducidos”. 

Con “Miguel De Castilla y Rafael Lucio, con quienes compartiría durante diez años primero en el PREAL y después en el IDEUCA, trabajo, sueños, innovaciones, propuestas, que han sido una de las riquezas, uno de los aportes que el Instituto ha hecho a la educación; “José Antonio Alvarado, Ministro de Educación visionario y de relaciones humanas fluidas”; el “padre Amando López, gran amigo, con una comprensión extraordinaria, fue como un bálsamo, la compañía que uno necesita en profunda crisis”. Las familias de don Otto Arnold y doña Sabas Tablada, de Emilia Navarro Deshon, Lacayo Barberena, Bendaña McEwan, Del Carmen Cuadra y la familia de Chico Lacayo y Dilya. 

Y Giovanna “mi ángel, el mayor tesoro que he podido ganar en esta ruleta de la vida” y sus hijos, que estuvieron muy presentes en su vida. También su equipo de trabajo en el IDEUCA y otras muchas y diversas amistades.  

El PREAL-IDEUCA, con Juan Bautista liderando, apoyó el Foro de Educación y Desarrollo Humano y el Movimiento Pedagógico Nacional, que promovimos desde Organizaciones de la Sociedad Civil.

Juan Bautista, con su carácter amplio, no sectario, alegre, profundamente humano y por su amor a la vida, enfrentó con éxito más no sin dolores, “a finales de 1978, principios de 1979, uno de los momentos más difíciles, conflictivos, amargos, imborrables de mi vida…. al retirarme de la Compañía de Jesús, aunque en mis principios, comportamiento y valores, sigo siendo sacerdote y un jesuita civil”. Y la muerte de su hijo, Xabier Ignacio, que fue “el golpe más brutal en toda mi vida. Todos los demás han sido superados, este no lo puedo superar todavía”. “Una ruptura o sacudida vital de importancia en mi espíritu, que produjo un desequilibrio en mi totalidad como ser y en mi estructura ética, moral, fue la muerte de mis padres”. Además, “una ulcera sangrante que me hizo sufrir bastante”, “el cáncer, un reto al espíritu”, “la hepatitis C, otro asalto a la vida”.

Antes de ello, en medio de todo ello e incluso después, siguió batallando, contribuyendo en forma relevante, transparente, decidida, a la mejora continua de la educación nacional, una labor que estamos obligados y comprometidos a seguir desarrollando.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus