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A un año de la partida física del recordado maestro insigne Juan Bautista Arríen, miembro fundador de la Academia de Ciencias de Nicaragua (ACN), la comunidad educativa y científica sigue procurando dar pasos en busca de hacer germinar la semilla sembrada, para alcanzar más temprano que tarde los frutos que permitan el desarrollo de una nación donde la brecha entre los que tienen mucho y los que no tienen nada sea la mínima.

La Academia de Ciencias ha dado pasos breves, pero sólidos, en sus seis años de existencia efectiva (2009-2015), en lo referente a la divulgación, promoción y democratización del quehacer científico nacional, vinculada y haciendo sinergia con los actores principales del proceso: Estado, sector privado y universidades, destacándose también su vínculo estrecho con la sociedad, representada por la comunidad educativa (docentes, estudiantes y padres de familia).  

Siendo su misión la de ser una organización dedicada al fomento y fortalecimiento de la ciencia, tecnología e innovación, remarcando su naturaleza ética y humanista, para el fomento de los más altos valores del individuo (hombre/mujer), que conlleven a contribuir a un verdadero desarrollo humano sostenible, visionando y promoviendo la generación y aplicación de conocimientos que mejoren y fortalezcan la educación científica a todos los niveles y sectores, y que generen soluciones a problemas que impactan negativamente a la población.

La sociedad del conocimiento es el paradigma que debe marcar la ruta a seguir cuando pensamos en desarrollo de la nación, siendo el individuo y la sociedad en su conjunto el fin o propósito de sus metas.

Siendo la inversión actual en ciencia y tecnología de apenas un 0.015% del presupuesto nacional, y el número de investigadores de 0.16 por cada 1,000 habitantes, es muy poco lo que se pretende esperar al corto y mediano plazo, hablando de independencia y sostenibilidad económica, estando sujetos siempre a las directrices orientadas por organismos multilaterales externos (BM/FMI/BID/BCIE), que no siempre buscan precisamente el desarrollo e independencia de los países bajo su dominio. La crisis griega para ejemplo reciente.

Planteando entre sus objetivos estratégicos tres grandes ejes de acción, a saber: la formación y consolidación organizativa de sus capacidades y vínculos con organizaciones afines (dentro y fuera del país), el fomento de estrategias, políticas y programas en materia de ciencia, tecnología e innovación, y, la contribución en la creación de una cultura científica en la sociedad en general, pautas que deben lograrse con la participación de todos aquellos que puedan aportar.

Merece mención especial la estrategia de enseñanza de la ciencia, basada en la indagación (ECBI), que pretende sembrar la necesidad de la búsqueda del conocimiento desde la infancia, en los niveles  iniciales de educación formal (primeros grados), generando inquietud en niños y niñas para preguntarse el porqué de cada fenómeno, haciéndolos sujetos activos en la búsqueda de la verdad y no simples receptores y acumuladores de información.

Avanzando a niveles superiores, el fomento y fortalecimiento de la investigación básica a nivel universitario o de  pregrado, vinculando y comprometiendo socialmente a jóvenes en la solución de los problemas más apremiantes que se encuentran en su entorno humano.

La vinculación con los medios de comunicación y el uso de las TIC para beneficio  social es otra de las tareas pendientes a desarrollar con el apoyo y participación de las diferentes facultades de comunicación existentes, llevando mensajes constructivos y formadores para la sociedad en general.

Estos son quizás, de manera muy somera, algunos de los retos que pretende enfrentar en los próximos cuatro años la ACN, de cara a contribuir a una verdadera sociedad del conocimiento.

*Médico

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