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Actualmente prima en ámbitos académicos una tendencia a volver a relacionar, desde distintos ángulos y formas, al Derecho con el Arte y con la Literatura. Digo “volver a relacionar” porque a lo largo de la historia el Derecho ha sido no solo fuente de inspiración o argumentación para el Arte; también porque eventualmente ha alcanzado el rango de Literatura.

Además constituye una rama importante de la Filosofía, como lo demuestra el libro de Iván Escobar Fornos titulado El Arte y el Derecho (2014).

Escobar se ha destacado como uno de los juristas doctrinarios más activos en Nicaragua. Su extensa bibliografía, que incluye manuales, tratados, estudios comparados e investigaciones, constituye una de las pocas fuentes de consulta en nuestras universidades, donde su actividad docente también es destacable.

Esa constante actividad lo ha llevado al enfrentamiento con esa relación: el Arte y la Literatura como fuentes y partes integrantes del Derecho, y viceversa. Escobar realiza un recorrido por esa milenaria relación interdisciplinaria, aunque se concentra en las siempre inter-actuantes y enriquecedoras concomitancias entre Literatura y Derecho.

No se limita a invitarnos a explorar las diversas maneras en que los asuntos jurídicos aparecen, constante y sistemáticamente, en el Arte y las obras literarias; sino que demuestra que la Literatura bien puede ser utilizada como eficaz herramienta didáctica para la enseñanza de la teoría jurídica.

El libro se divide en cuatro capítulos que redundan en cuatro grandes formas de abordaje de la relación Literatura-Derecho: 

La constitución científico-técnica del Derecho y su naturaleza social, a su vez relacionada con el ejercicio del Poder. El estudio de las formas en que diversos problemas jurídicos de trascendencia han sido abordados por la Literatura. La demostración de las formas literarias y de composición a las que el Derecho recurre en su etapa de creación. La enumeración y reseña de importantes obras literarias relacionadas con el Derecho.

Recurriendo a postulados teóricos de Kelsen, Bobbio, Radbruch y Francesco Carnelutti, entre otros, Escobar hace un preámbulo teórico para demostrar las propiedades científico-técnicas constitutivas del Derecho, y su importancia no solo en la constitución de la sociedad y el Estado, sino también en su desarrollo como estructura normativa de la convivencia humana.

Con apoyo teórico y ejemplos, demuestra lo que es generalmente reconocido, aunque algunos se resisten a asimilarlo: la elaboración de los grandes códigos, leyes y tratados jurídicos han requerido de un lenguaje, estilo y forma de exposición que solo pueden ser calificados como literarios.  Nos recuerda, por ejemplo, que el estilo simple y preciso de Sthendall fue producto de la diaria lectura del Código Civil.

Parte singular del libro es la relacionada con las grandes creaciones jurídico-literarias. Escobar hizo un notable un esfuerzo crítico, y a la vez jurídico. Ha reseñado las obras de casi treinta autores que han dejado marcada para la historia la simbiótica y compleja relación entre Literatura y Derecho. 

Demuestra la posibilidad de que en Nicaragua se desarrollen estrategias didácticas para la enseñanza del Derecho, en las que se pueda utilizar la Literatura como herramienta pedagógica. Nos permite comprender el potencial heurístico en la productiva relación entre ambas disciplinas.

La Literatura puede servir para motivar al estudiante, y sin duda constituye una incomparable fuente de ejemplos para que el aplicante se acerque a la comprensión de ciertos problemas humanos que de otra forma podrían resultarle aburridos. También ofrece una amplia gama de estimulantes analogías. 

Este libro nos demuestra que se puede y se debe desarrollar un método de enseñanza del Derecho en el que la Literatura pueda jugar un papel protagónico.

*Escritor y periodista.

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