Jorge Eduardo Arellano
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Poco antes de cumplir los 25 años tuve la iniciativa de seleccionar, anotar y prologar la antología poética de mi generación. Terminada de imprimirse el 26 de julio de 1971 --fecha emblemática de la revolución cubana--, su título era Poesía joven nicaragüense (1960-1970). Mario Selva Elizondo, en su Tipografía Asel de la Avenida Bolívar y segunda calle N.O., núm. 302, decidió editarla. Como aficionado a la pintura, pero sobre todo como singular joven, Mario se había incorporado a Praxis, grupo que se estaba reactivando, tras cierto periodo de estancamiento y del activismo renovador de su etapa fundacional desde agosto de 1963. Ahora Mario le infundía su humor característico. No en vano fue el creador del lema no oficial del grupo: Hay que estar en la joda. Lo demás es masonería, venganza y patineta.

Pues bien, sin la generosidad del Loco Selva --apodo heredado de su padre-- no hubiera existido esa primera muestra de lo que sería el canon de los poetas surgidos en los años 60. Cincuenta y uno sumaban sus poemas y dieciocho los poetas elegidos en dos partes, los trece principales se aglutinaban en la primera, con cuatro o cinco poemas cada uno: Roberto Cuadra, Edwin Yllescas, Francisco Valle, Iván Uriarte, Luis Rocha, Julio Cabrales, Beltrán Morales, Francisco de Asís Fernández, Jorge Eduardo Arellano, Michéle Najlis, Ana Ilce Gómez, Félix Navarrete y Carlos Perezalonso. Cinco más figuraban en la segunda parte con un poema: Fernando Gordillo, Raúl Xavier García, Vidaluz Meneses, Ciro Molina y Álvaro Gutiérrez. Por eso Beltrán se refería a esta pequeña obra de 94 páginas como “Los 13”.

Leonel Vanegas con un dibujo a colores (destacando el rojo y el negro del FSLN) ilustraba la carátula; seguramente se lo había encargado su amigo Mario Selva. En el colofón se otorgaba el crédito correspondiente al linotipista Alfonso Ríos, al prensista Francisco Castellón y al encuadernador Leonardo Norori. Yo tuve a cargo la corrección de prueba, no sin dejar escapar algunas erratas notables que se adjuntaron en hojita rosada aparte.

Mario encabezaba la dedicatoria triple de la antología, seguido de Ramiro Argüello y Carlos Alemán Ocampo. También se editaba en memoria de Fernando Gordillo (1940-1967), fundamental pero malograda figura de la generación de los 60. Alemán Ocampo, en una “Carta a los poetas, escritores y artistas” (La Prensa, 22 de agosto) propuso una mesa redonda sobre “Los 13” y se refirió a colegas encarcelados por sus actividades revolucionarias, entre ellos Julián Roque y Daniel Ortega Saavedra. ¿Daniel poeta? Así era percibido por nosotros. No en vano se le publicaría en Taller (núm. 9, noviembre, 1973), la revista de los estudiantes de la UNAN en León, su poema “Mama: lo que ha costado echar al fuego los lamentos”. Otros poemas suyos circulaban entonces, como uno donde confesó no haber conocido la moda de la minifalda en Managua. Sin duda, un poeta ocultaba Daniel, autor de otros poemas publicados en la revista cubana Casa de las Américas.

En carta escrita en San José, Costa Rica, el 31 de agosto de 1971, Beltrán reconocía el mérito de “Los 13”. “Es un trabajo magnífico, objetivo y, por el otro lado, con sensibilidad artística: escogiste prácticamente lo mejor de cada una de las diversas etapas que cada uno de Los Nuestros ha quemado. Pienso escribir un artículo serio sobre tu Antología para enviárselo a Pablo [Antonio]…” Sin embargo, Beltrán no cumplió su promesa.

Otros se encargarían de valorarla, comenzando por Pablo Antonio en La Prensa Literaria del 8 de agosto del mismo año: “Al leer la antología —que para muchos de los lectores de poesía nicaragüense es una agradable relectura— la comparación de unos poetas con otros, vuelve a marcar cualidades ya conocidas y a confirmar la originalidad de estilo de cada cual: buen síntoma en una oleada de poetas jóvenes”. Unos poetas panameños, de visita en Managua —encabezados por Benjamín Ramón— también advirtieron su calidad representativa. “Los 13” constaba también de notas biobibliográficas y de tres apéndices: a) Publicaciones de la literatura joven; b) Antologías anteriores y c) Poetas jóvenes nicaragüenses surgidos entre 1955 y 1970.

En resumen, “Los 13” dio cuenta —lo más ampliamente posible— del quehacer poemático de mis compañeros generacionales y del mío propio. Y El Loco Selva asumió el costo de su impresión. De este amigo recuerdo que un conocido suyo se atrevió a decirle Loco y este le respondió:

—Date vuelta y te la coloco.

*Historiador y escritor.

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