•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Un disidente cubano que protestaba en las calles de La Habana dijo que el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos se había centrado solamente en las expectativas de mejorar los aspectos comerciales. Pero que en realidad “todo esto… debió haber estado condicionado a avances en derechos humanos en Cuba”.

Es legítima la apreciación del disidente. Pero, si Washington hubiera condicionado la apertura de la embajada al avance de los Derechos Humanos, el régimen de don Raúl nunca lo habría aceptado.

Es más, lo habría denunciado como un intento de chantajear a Cuba y un irrespeto a la libre determinación de su pueblo, que optó por el socialismo.

Pero la movida de Washington no debe ser vista como un soslayo al asunto de la democracia en Cuba.

Con el paso del tiempo (¡Y ojalá sea pronto!) nos daremos cuenta que esta era la mejor opción.

Las abundantes opiniones contrarias son comprensibles.

Peor, en las negociaciones diplomáticas, para llegar al mejor escenario hay que sacrificar algo, ceder. Y luego tener muchísima paciencia.
Las cosas cambiarán en Cuba, pero no en el corto plazo.

Y aunque se diga que con la apertura de embajadas, lo que se hace es --hacerle un reconocimiento al régimen; perdonarle todas sus malas acciones y oxigenar a los Castro”--, no es así.

Hay circunstancias que deben aprovecharse:

1) Los Castro están desesperados, pasando por otra crisis  (¿Cuándo han estado bien?). El bloqueo no los aniquiló, pero sí los postró. Mientras, lejos prosperaban China, Vietnam, Cuba está avergonzada por el laberinto en el que vive. Y en este trance de los farrucos achicopalados, es cuando los adversarios extienden una mano que turba y cercena cualquier odio y resentimiento.

2) Los Castro están gastados, desilusionados. Ambos pasan de los 80. Negociar los puso en una posición conciliadora, desapasionada. ¡Ningún octogenario está en capacidad de medir  fuerzas con otro! Están frustrados por haber vendido un socialismo ruin y ruinoso que pide auxilio a gringos y europeos para que alaben la gloria mortecina de una revolución de sarcófagos y sofismas.

3) Venezuela ya no es una mano amiga, es una mano incierta.  Los Castro saben olfatear el peligro, la decadencia y desdichas que podrían suscitarse en el corto plazo en el país sudamericano --¡bajo los gobiernos Adecos y Copeianos, Venezuela era quinto  productor mundial de petróleo, hoy es onceavo!--. Además, los descalabra la inflación, la improductividad, la escasez; no estando bloqueados y siendo país petrolero.

4) La  intervención del Papa fue providencial para los ateos cubanos. ¡Paradójico!: El guía católico es una de las pocas personas en las que comunistas cubanos confían, por ser un moralmente firme, objetivo y sensible. (El embrujo argentino: ¡Primero estuvieron embelesados por el Che, ahora por Bergoglio!). Esto alentó el acercamiento con Washington.  

5) Si Rusia hoy sufre un bloqueo comercial;  Venezuela una crisis económica-financiera terrible; y China busca a socios capitalistas con los que negociar --no a regímenes a los que subsidiar--: acercarse a Washington era el último salvavidas.

6) El clima internacional hoy está tan mal como para reñir. Los cubanos tienen hambre, sed de justicia y muchas vanidades que saciar. Ya no quieren seguir muriendo por otros a cambio de hojalatas en el pecho. Habida cuenta la esfumación de Ghadaffi, Saddan Hussein; y Corea del Norte viviendo lejos, prendida de arrebatos y precariedad.

¿Quién estaría para salvarlos?

¡Sin duda, los Castro han sido los Bear Grills de la política!

Fidel y Raúl tenían que optar por la medida más inteligente, aunque insincera: acercarse al enemigo vilipendiado y odiado.   

¿Toda revolución es una gran venganza social sin sentido de justicia? ¿O es un desvarío histórico, porque Hegel les hizo creer a los dictadores que toda lucha social era un proceso justificado por el determinismo?

Hay tantas ideas que parecen atractivas y convincentes. Pero solo prueban su legitimidad o consistencia cuando cada individuo se apropia de ellas. Pero en el caso de Cuba, lo que se creyó eran buenas ideas, al poco tiempo se transformaron en imposiciones engañosas que enmascararían a una dictadura longeva.

No hubo verdades, solo tretas. No hubo justicia, solo venganza. No hubo razones, solo justificaciones. Porque los que llegaron a liberar, encarcelaron a todo un pueblo, repartieron pobreza, se apoderaron de poder y caudales, y conculcaron libertades. Eso deslegitimó la proeza contra Batista.
Prevaleció la conveniencia del régimen, no la del pueblo.

Estoy seguro que EE.UU. y Cuba volverán a ser aliados, a pesar de los detractores. En política todo pasa.

*Máster en Asuntos Públicos e Internacionales.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus