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Hay ocasiones en que para algunas familias que conservan entre sí muy buenas relaciones, en difíciles e inesperadas circunstancias se entrelazan sentimientos encontrados, poniendo a los miembros más cercanos de la familia en problemas que, aunque sean muy dolorosos,  deben ser aceptables; ya que en definitiva están dentro del tiempo que Dios nos da con la vida; y como cristianos prepararse con su ayuda, a acatarlos ya que son dispuestos por Él.

Conozco dos casos muy parecidos entre sí, de personas con las que hemos tenido una cercana relación, comprendiéndose así mejor el efecto de dichos sentimientos, por lo que por tal relación también de alguna forma hemos sido partícipes. En mi caso, acostumbrado a compartirlos, de cierta manera en mi interior me ayudan un poco, por lo que me permito hacer esta narrativa:

El primer caso es el de una sobrina muy querida, quien también es mi ahijada, por haber sido su padrino en el ritual de la Confirmación. El día de la celebración de sus quince años --que por lo general las jovencitas esperan con ansioso delirio-- llegó un familiar que llamó aparte a su madre para darle la triste e inesperada noticia del deceso de la abuelita de mi sobrina, y su madre callando, fue a llorar a su cuarto, preservando por un tiempo más el festejo de su hija.

En tales circunstancias, esos sentimientos encontrados requieren de un inusitado coraje, teniendo a veces  que guardarlos internamente para no enturbiar casos especiales y acatar en silencio la voluntad de Dios, pues dichos sentimientos motivados por Él deben ser de  intenso amargor.

La programación que los seres humanos hacemos de nuestra vida, por atinada y segura que parezca, si no cuenta con la aprobación de nuestro Señor, el Soberano Creador de todo lo que existe; y que con la vida y la subsistencia por tiempo limitado a todos y cada uno nos da; y que  al faltar su visto bueno, nada puede salir bien, ya que solamente yendo en pos Suya y acatar su voluntad, que Él ajusta a lo que conviene para nuestro bien aunque se tenga que sufrir.

Otro caso  es el de una persona que, por su preparación académica y afable comportamiento, se ha ganado el aprecio y la simpatía de todos aquellos que hemos tenido la satisfacción de tratarle. Omito su nombre y de quienes han sido protagonistas activos del encuentro con dichos sentimientos, que de cierta manera, en mayor o menor grado, invaden el ambiente familiar y de la mayoría de los que  con ellos socialmente se tienen  relaciones.

En este caso, envuelve a la mayor parte de  su familia y también en mayor o menor grado a los que por alguna razón de cierta manera nos  consideramos copartícipes de los mismos. Para ser breve, en resumen aconteció el día que se efectuaba el matrimonio de su hijo menor,  inesperadamente se terminaba el ciclo de vida de su  hermano mayor, siendo llamado en la misma fecha a la presencia del Señor.

Así él, mientras acompañaba a su hijo que formalizaba su compromiso matrimonial, del que ya tenía todo arreglado, le llegó el sufrimiento mayúsculo del deceso de su querido hermano mayor; y  sus restos mortales al mismo tiempo se velaban en Sierras de Paz,  teniendo él que estar en  dos partes a la vez; y envuelto por el torbellino de dichos sentimientos encontrados, los que en tal situación, al ser tan  intensos solo con Dios puede tenerse el coraje necesario. Solo siguiendo a Jesús y viviendo su doctrina podemos alcanzarlo todo, incluida la  salvación.

 

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