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Génesis del sueño (2013) es la primera novela del nicaragüense Jack Grubstein (1969). Cuenta la historia de un hombre entrando en la ancianidad que, al jubilarse, descubre que no vivió con la suficiente intensidad y decide, en adelante, hacerlo a través del sueño. Poco a poco lo logra, sin imaginarse cómo terminará todo.

También es la aventura de un hombre que no solo sueña, sino que lo sueñan. Un tópico muy recurrido por el argentino Jorge Luis Borges, pero que Grubstein aborda desde una quizás un poco distinta perspectiva y con diferentes procedimientos escriturales.

Es una novela corta (78 páginas), escrita con un lenguaje sobrio, muy claro, nada denso, y narrada por una sola voz omnisciente. Sin embargo, esa voz narrativa es utilizada con la suficiente habilidad y flexibilidad como para fundirse eventualmente con el pensamiento y las voces de los protagonistas. Una remarcable virtud narrativa, tratándose de un debut novelístico.

Como dije, su lectura me recordó uno de los tópicos recurrentes de Borges, especialmente dos de sus relatos: Las ruinas circulares y La esfera de Pascal. En el primero, apartando el tema de la circularidad y el desdoblamiento del individuo, una de sus metáforas es obviamente metafísica: el hombre que sueña a otro pero que al final descubre con asombro que no solo el otro, sino también él es soñado por un tercero, y así sucesivamente, ad infinitum.

En el segundo está también reflejada la misma noción del infinito, solo que desde una visión más aterradora. Pero lo interesante en esta novela es su perspectiva más contemporánea, más estrictamente realista, sin dejar de ser, a su vez, absolutamente onírica y metafísica.

Por otra parte, aunque sus protagonistas son seres relativamente comunes de la postmodernidad, la interrogación metafísica es igual de profunda que la de Borges o de Hegel, y nos plantea las mismas irresueltas interrogantes: ¿qué es y cómo es el universo?, ¿quiénes somos y dónde estamos cada uno en esa noción del universo?

Son las preguntas que, a lo largo de la Historia, muchos filósofos, incluidos Hegel y Borges, se han hecho y se siguen haciendo.
Modestamente, luego de leer la novela yo solo puedo volver a hacerme esas mismas preguntas, reducidas a su estricta relación con lo literario, pues tengo una --no creo que muy particular-- hipótesis respecto a la ficción: creo que, al fin y al cabo, lo que inventamos es como lo que soñamos.

Tanto la realidad como lo que percibimos o creamos a partir de ella están hechos con la misma materia. Creo que sucede igual con los sueños, y creo que eso trata de sugerir y eso mismo se pregunta Grubstein con esta novela. Y no sé si Borges en realidad ha llegado a influenciarlo literariamente. En la presentación del libro durante el Festival Literario de la Universidad Centroamericana (UCA) me confesó que muy poco.

Sin embargo, como escritor se le asemeja en el hecho de que intenta alejarse de las complicaciones o de la densidad en el lenguaje, que, repito, en esta novela es simple y nada complicado; aunque, por otra parte, como muchos (incluidos no pocos de leva), aún está lejos de la precisa y extraordinariamente metafórica adjetivación de Borges.

No quiero dar muchas pistas respecto al final de esta novela. Es un final misterioso. Parecería que finalmente es la muerte quien gana la partida y acaba con todo. Pero, ¿quién la sueña o la imagina? ¿Quién es el creador de la muerte? ¿O es que tampoco existe y todos la inventamos?

*Escritor y periodista.

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