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Curioso es imaginarse un volcán nicaragüense con nieve o como referencia internacional para practicar deportes extremos de aventuras extravagantes. ¡Un volcán de más de 4 mil metros de altura! Las suposiciones que quedan en lo implícito, pues en enero de 1835 con la erupción cambió ese panorama para dar oportunidad a otras opciones; como es ver, convivir y proteger la biodiversidad.

En geografía nos enseñan que el Cosigüina es el último volcán al oeste de Nicaragua con una laguna cratérica. Por su parte, en la historia hay de todo, hasta se cuenta que es un lugar embrujado, en donde a mucha gente en haciendas vecinas las han convertido en vacas. Leyenda de fincas o cuentos, es parte de la vida diaria.

Cuando Bismarck Caballero, miembro de una cooperativa de turismo, señala los servicios y riquezas del lugar, es evidente que el conjunto integral convierte la Reserva Natural Volcán Cosigüina en un lugar encantador.

El decreto 13-20 del 8 de septiembre de 1983, refiere para proteger la Reserva del Cosigüina y otros, como patrimonio natural. La variedad en los ecosistemas se simplifica en ecología y turismo. Escenarios propios para turistas que gustan de la aventura, pues su localización en la península permite develizar en todos los puntos cardinales. Internamente se encuentran otras reservas naturales: Padre Ramos, Estero Real, reservas privadas y considerados algunos como Sitios Ramsar.

Aventurarse por caseríos y bosques aledaños, admiten el contacto directo con esa realidad sumergida en pobreza, en el despale, en la explotación irracional de la tierra y la caza indiscriminada de animales. La necesidad imperante por sobrevivencia o el acaparamiento hace que la frontera agrícola sea más visible en las laderas del Cosigüina.

¿Quién controla? ¿Quién respalda los decretos plasmados en los rótulos? Es el Marena e Inafor las instituciones que por ley deben sancionar a quienes provocan las quemas, racionar la extracción de madera, el uso de la tierra y la protección de la vida silvestre de la zona.

Sin embargo, en el mismo lugar está la alternativa: sana, ambiental y segura. La misma Reserva Cosigüina ha permitido al campesinado organizarse en cooperativas y servir como guías turísticos en los 11 tours que se han trazado en el lugar.

“No solo de las grandes ciudades se hace promoción, aquí les explicamos la vida desconocida del comunitario y las riquezas naturales”, dice don Inés Aquino, un veterano que se destaca en promover el turismo local. Un hombre que aunque solo tiene 8 meses de ejercer este oficio, parece que nació con el Cosigüina.

El aventurero puede conocer el hábitat de la amenazada lapa roja, el arribo de tortugas marinas, las aves acuáticas, los parajes desde la cima, la variedad de animales que aún viven en los bosques y gozar de Ramsar Lodge.

Y aunque los decretos siguen visibles en los caminos es menester que las autoridades correspondientes como Intur continúen promoviendo rutas alternativas para desarrollar el ecoturismo sostenible e integral, ya que el Cosigüina es más que una reserva.

*Periodista

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