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Aunque en Nicaragua y Estados Unidos grupos de personas y organizaciones de derechos humanos tratan de convencer a las autoridades de Texas que suspendan la ejecución del nicaragüense Bernardo Tercero, es importante tener presente que Tercero cometió un asesinato en Houston el 31 de marzo de 1997, mientras asaltaba una lavandería, delitos por los que fue condenado a la pena de muerte por un tribunal texano.

Por razones humanitarias, el papa Francisco también solicitó al presidente Barack Obama interceder para que a Tercero se le perdone la vida y se le mantenga la cadena perpetua, dejándole en la cárcel hasta su muerte por razones naturales.

Es válido el intento por salvar la vida de este presidiario, sobre todo si es una demanda basada en el precepto cristiano de “no matarás”, pero de ninguna manera se puede considerar a Tercero como víctima porque en la realidad las víctimas fueron el profesor Roger Berger, asesinado por Tercero, y la hija de Berger, de tres años, quien quedó con el trauma de haber visto cómo moría su padre al recibir un balazo en el cuello cuando intentaba impedir el asalto que cometía el nicaragüense hoy condenado a muerte.

Tras ser enjuiciado en Texas, hace 15 años Tercero fue declarado culpable de “asesinato capital” y condenado a muerte mediante inyección letal, ejecución programada para este miércoles 26 de agosto de 2015. Varios agravantes habrían incidido para aplicar la condena máxima a este nicaragüense que, estando indocumentado en Estados Unidos, planeó el asalto a la lavandería con suficiente antelación, mató al cliente Roger Berger delante de su hija, huyó a Nicaragua y dos años más tarde regresó a Estados Unidos, indocumentado, para reunirse con su novia creyendo que el caso de su crimen había sido cerrado por la Policía.

Si este miércoles Bernardo Tercero es ejecutado, las autoridades de Texas habrán cumplido con un mandato judicial apegado a sus leyes. Si, por el contrario, optan por perdonar al reo y le permiten vivir bajo cadena perpetua, algo que hasta hoy parece difícil, sería un triunfo para quienes se oponen a la pena de muerte y consideran que esta es innecesaria porque no resuelve nada.

Independiente de cuál sea la suerte de Tercero este miércoles, consideramos que él mismo se condenó a un final así. Lo que le suceda será, al fin de cuentas, consecuencia de sus actos. A propósito, vale recordar una reflexión que alguna vez habremos escuchado: En la vida no hay premios ni castigos, solo consecuencias.

 

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