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En los años 80, durante la atroz guerra de agresión sufrida por Irán por parte de Iraq, el ayatola Ruhola Jomeini declaró que el país necesitaba 20 millones de soldados y pidió a los iraníes un esfuerzo de natalidad, como acto patriótico. En 1988, un economista iraní, miembro del equipo de presupuestos estatal, advirtió al Gobierno que, si continuaba el enorme crecimiento demográfico existente, en pocos años se agotarían los puestos de trabajo e Irán se llenaría de millones de jóvenes frustrados, subempleados o parados.  Que aquella situación generaría una bomba social. 

El gobierno iraní entendió la situación y cambió drásticamente su política de natalidad. Puso en marcha un programa de planificación familiar, sobre la base de hacer conciencia en las parejas jóvenes. Se les hacía asistir a centros de salud o a mezquitas, a recibir clases prematrimoniales. Allí se les explicaban los costos de alimentar, vestir, calzar y educar a cada hijo. Además, se facilitaban métodos anticonceptivos, vasectomías y ligaduras de trompas. El ayatola Jomeini emitió una fatua (equivalente a una carta pastoral), indicando que el Corán no impedía a las parejas decidir el número de hijos. Por último, desde el Estado se convencía a los jóvenes que no abandonaran los estudios. La natalidad bajó de siete hijos por mujer en 1988 a solo 1.7 hijos en 2012. Irán pudo así mantener el crecimiento económico, hasta convertirse, en 2015, según el FMI, en la decimonovena economía mundial. Además, el país goza, hoy, de una gran paz social y posee la población más preparada del mundo musulmán, a tal punto que el 
número de publicaciones científicas pasó de 400 a 7,000.

En El Salvador, en lo que llevamos de agosto, han sido asesinadas más de 200 personas, de ellas 125 muertas en tres días y otras 14 en una guerra de pandillas en una cárcel. Este país, junto a Guatemala y Honduras, forman el “Triángulo de la Muerte” y están entre los países más violentos del mundo. También entre los países con mayores índices de natalidad. En 1991, El Salvador tenía 5.2 millones de habitantes; Honduras 4.9 millones y Guatemala 8.9 millones. En el presente, El Salvador tiene 6.4 millones de habitantes; Honduras 8.6 millones y Guatemala 15.9 millones. En 25 años, Guatemala y Honduras han casi duplicado su población. El caso salvadoreño es más grave por su reducida extensión territorial (como si Nicaragua tuviera 40 millones de habitantes). Las cifras pueden engañar. Hay más de dos millones de salvadoreños emigrados y, en 2014, estimaban que diariamente salían del país unos 300 salvadoreños. Otro tanto pasa en Guatemala y Honduras. Nicaragua tenía 3.8 millones de habitantes en 1992 y hoy suma 6.
2 millones. Si se quiere conocer una causa primordial de pobreza, es esta. Una regla de hierro dice que o crece la población o crece la economía, pero que economía y población jamás crecerán juntas.

Fascina el caso de Irán porque allí religión y Estado se dieron la mano para prevenir un colapso económico y social. En nuestros países ocurre lo contrario. La religión se opone al necesario control de natalidad y los Estados, presionados por la religión, prefieren el colapso y la violencia social a la salud de sus pueblos. China, atea por ley, impuso la regla del hijo único y es hoy primera potencia mundial. La natalidad incontrolada, la falta de políticas preventivas, la prohibición del aborto y la escasa educación condenan a los países al subdesarrollo y la violencia social. Hay quienes creen que el Islam está más atrasado que el cristianismo. No es así. No, al menos, viendo lo que pasa en Centroamérica.

*Autor de Ensayo sobre el subdesarrollo, 
Akal, Madrid, 2008.

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