Juan Alberto Henríquez Oporta
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Eduardo Alvir fue una voz inconfundible en la radio, en la época de las estrellas del cuadro dramático, redactor nítido en sus escritos de los noticieros, en la televisión, los medios escritos y como corresponsal internacional. En todas las actividades del periodismo estuvo presente: sindicato de periodistas, sindicato de radioperiodistas y la fundación de la Unión de Periodistas, en Managua, tanto en las épocas gloriosas como en las de dolor.

Eduardo quiso romper con la división entre radioperiodismo y periodismo escrito, proponiendo  a un redactor de la prensa, Manuel Eugarrios, como presidente del sindicato de radioperiodistas. En medio de la campaña por la “purificación” del gremio con César Cortez, Carlos García y yo, nos dijo: “No sigan, esos venados son propios del gremio, no hay nadie puro, todos tenemos nuestra cola”.

Fue víctima de un feroz “amigo” que lo impulsó a ser candidato de la UPN, sin respaldarlo. Ese mismo lo obligó a escribir para una empresa millonaria, que daba unos centavos  y  el “amigo”  se quedaba con su tajada. Siendo corresponsal de una empresa televisiva mexicana, apoyó a varios jóvenes, sin ser empleador. La empresa cerró de momento sin pagarle ninguna indemnización, solamente su salario. Los jóvenes empleados lo demandaron y se quedó sin salario y sin los equipos. Fue en ese momento que devolvió un vehículo a la Casa Pellas y le daban vergüenza los reclamos públicos de un excelente amigo que fue su fiador.

Un colega le pidió prestado cinco mil dólares para la compra de una propiedad y se quedó sin el pago, solo con papelitos. No reclamó al amigo, quien solo lo invitaba a comer frutas en la finca.

El 19 de julio le tocó representar al FSLN en Colombia, le ofrecieron todo para quedarse y regresó a Nicaragua a seguir siendo periodista. Fue un amigo entrañable de César Cortez, Emilio Suárez (pese a las burlas), Rodolfo Tapia, Tito (Ernesto Morales), César Quiroz (Cesarron), Annuar Hassan, Juan Mairena, Bayardo Arce y sus hermanos  (Alejandro, Gerardo y Guillermo). 

Quiso (en broma, propia de Eduardo, cuando la moda de los matrimonios gay en Europa) unirse en matrimonio con un amigo e hizo gestiones en Europa y trabajó por allá, para él fue una inocentada. Después pidió perdón al Creador por esas jugarretas, pues contó con la solidaridad de unas organizaciones religiosas. 

Una pensión de la Asamblea Nacional, gestionada por Freddy García y Juan Mairena, le ayudó a seguir con su vida, con la diabetes, el derrame cerebral y las penurias propias del periodismo. 

La muerte de Eduardo Alvir deja un vacío difícil de llenar para quienes fuimos sus amigos. Fue hombre-niño que se embriagaba de su idealismo para resistir más tiempo en la aridez de la incomprensión. Quizás fue como un poeta, aun siendo periodista y gremialista. 

Descansa en paz Eduardo Alvir.

*Periodista.

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