Erick Aguirre
  •   Managua, Nicaragua  |
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Hay un pasaje en el Nuevo Testamento en el que Cristo dice: “Por sus obras los conoceréis”. A lo largo de la Historia no son pocos los poetas que también han dicho que ellos mismos son sus obras. “Yo soy mis libros”, han afirmado --palabras más, palabras menos-- desde José Lezama Lima hasta nuestro Fernando Silva. Sin embargo no han faltado quienes se han dedicado a escribir biografías de poetas, aunque en efecto sus obras constituyan, de hecho, sus vidas mismas.

Se dice que, en buena medida, la eficacia y el buen suceso de una biografía dependen de los méritos del biografiado. El resto radicará sobre todo en la rigurosidad y el talento del biógrafo. Pero en un país como el nuestro los biógrafos deberían dejar descansar un poco a los héroes bélicos, como nos lo ha sugerido ya Jorge Eduardo Arellano con su irrefutable catálogo Héroes sin fusil (1998).

Deberíamos, pues, como lo hace ahora Milton Camacho Bonilla con El Profe Gil: Semblanza biográfica, histórica y genealógica del  profesor don Gilberto Ramírez Rojas (2014); biografiar más bien a los poetas y a los maestros, cuya vocación, y absoluta dedicación a ella, es otra forma no menos digna de ser héroe. Y quizá más.

Este libro representa el fruto del ingente y apasionado trabajo de búsqueda, investigación, indagación, entrevista y archivo realizado por Camacho. Representa el noble y desinteresado esfuerzo por arrojar luz a las nuevas generaciones acerca de los grandes aportes a la educación y a la cultura de este olvidado maestro de Chichigalpa.

Una de sus anécdotas destaca el hecho del propio origen del libro: a cincuenta y cuatro años del fallecimiento del profesor Ramírez, el director del instituto que lleva su nombre se veía imposibilitado de realizar actos conmemorativos debido a la falta de información acerca de su vida y su legado magisterial. Fue cuando Camacho emprendió la aventura de dar forma a este libro.

Con esta biografía el autor pone de relieve no solo la importancia de la vida del Profe Gil, sino también la importancia de que nuestro país de una vez se resuelva a requerir más del magisterio que de la milicia o de la política. Pero la importancia de este libro tiene entre sus méritos otro gran aporte: el enriquecimiento del poco visible y casi olvidado arte de la biografía como género literario en Nicaragua. 

Sabemos que las buenas biografías deben gozar de las mismas virtudes de cualquier digna obra literaria. No basta, pues, con acopiar datos y hacer relaciones detallistas sin trascendencia; ni con hacer simples recuentos “sin gracia ni seso” del día a día del biografiado.

Se aconseja no convertirla en un diario, no enredarse en excesos descriptivos, no detenerse en valoraciones estrictamente sociales o políticas; ni emborronar páginas sobre sucesos circunstanciales de alguien que, en este caso particular, se distinguió no como héroe en el campo de batalla, sino como maestro, que como dije es otra manera de ser héroe en el mundo contemporáneo.

Camacho realizó un trabajo encomiable: larga, disciplinada y exhaustiva investigación; prosa clara, sobria y fluida, que ofrece el confiable exhorto de la amenidad, y ha recurrido a todas las posibles fuentes: historias de vida, testimonios, memorias, diarios, cartas, relatos, fotografías.

El libro aspira a dejar un digno reflejo del profesor Gilberto Ramírez. Un reflejo de su vida pero también recreación de su trayectoria como ser humano. Constituye además una obra de recuperación moral, de justicia histórica y de rescate necesario de alguien “a quien el tiempo, feroz y disgregante, había sometido a un injusto olvido”.

Quiero reconocer la afectividad y emoción con que accedí a escribir el prólogo, pues, gracias a mis padres, llevo con orgullo mi nombre en memoria del hijo mártir del Profe Gil: Erick Ramírez Medrano, uno de los estudiantes asesinados por la Guardia Nacional en 1959, durante una marcha universitaria en la ciudad de León.

*Escritor y periodista.

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