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En América Latina y el Caribe trabajan alrededor de 12.5 millones de niños. De ellos, 9.5 millones lo hacen en ocupaciones peligrosas. Todos estos niños deberían estar educándose, no trabajando. Lograr esto es un imperativo moral y un reto formidable.

¿Se puede hacer algo para enfrentar este problema? La experiencia nos indica que sí se puede. De hecho, hace 15 años en la región había 20 millones de niños trabajando. El regreso de casi 8 millones de esos niños a las escuelas fue posible en gran medida por la voluntad política y el reclamo social para enfrentar este problema.

La erradicación del trabajo infantil hasta 2025 es una meta contemplada en los Objetivos de Desarrollo Sostenible post 2015 que se adoptarán en septiembre en la ONU. Para nuestra región esta meta implica redoblar esfuerzos, en particular porque a medida que avanzamos hacia el objetivo nos acercamos más al “núcleo duro” de este problema, donde es más difícil registrar progresos: los niños en las zonas rurales dispersas donde no hay infraestructura de escuelas.

Es importante tener claro que la meta de acabar con el trabajo infantil no se podrá lograr sin una mayor inversión de recursos humanos, técnicos y financieros por parte de los países. 

Un reciente estudio divulgado por el programa contra el trabajo infantil de la OIT, IPEC, estima en un 0.3% del PIB el coste que puede tener para América Latina y el Caribe tomar las medidas necesarias para erradicar el trabajo infantil. Las principales inversiones incluyen las transferencias condicionadas para incentivar a las familias, la infraestructura escolar y los costos administrativos de los programas.

Es un monto importante, pero no es un gasto sino una inversión con grandes beneficios tanto económicos como sociales para los países: una población más educada, reducción de pobreza, un crecimiento más inclusivo y sostenible y mayor paz social. 

Nuestros países han asumido este desafío al suscribir una “Iniciativa Regional América Latina y el Caribe libre de trabajo infantil”, que establece un compromiso de la región para acelerar el ritmo de erradicación del trabajo infantil. 

La Iniciativa es un instrumento de cooperación innovador que promueve la búsqueda de mecanismos para canalizar recursos de todo tipo, el intercambio de experiencias exitosas y la gestión de estrategias innovadoras. 

El trabajo infantil supone un drama personal, familiar y social para millones de niños que no están pudiendo formarse, que se ven privados de una niñez y adolescencia protegida y se ven encaminados a puestos de trabajo mal remunerados y precarios en su edad adulta. 

Además genera un problema para las economías de los países, pues trabajadores menos formados y empleos informales suponen menor productividad y menor capacidad de los gobiernos para  gestionar el desarrollo y el crecimiento económico.

El objetivo de lograr una América Latina y el Caribe sin trabajo infantil es un elemento indispensable de la visión de desarrollo sostenible con crecimiento económico inclusivo y trabajo decente de nuestros países.

Y es nuestra responsabilidad como generación asegurar que la región que le estaremos heredando a nuestros nietos y nietas sea una en la cual todos los niños tengan la oportunidad de ir a la escuela y puedan aspirar a un futuro más próspero cuando estén en edad de entrar al mercado laboral.

* Director Regional de la OIT para América Latina y Caribe.

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