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Desde que la Procuraduría solicitó al Congreso la anulación de la inmunidad del jefe de gobierno guatemalteco para someterlo a juicio por delitos de corrupción, los medios hablaron de la posible desaforación del presidente (que votaron 132 diputados el martes). Pero nada se dice de su sanguinario pasado y de cómo logró escalar tan alto. ¿Quién es realmente Otto Pérez Molina, alias “Mayor Tito”?

Para responder esa pregunta, el periódico estadounidense “Democracy Now!” entrevistó al periodista Allan Nairn, reportero en Guatemala desde los años 80. Sobre la actual situación él opina que de momento se habla de corrupción, pero el levantamiento podría desbordarse y pasar a ser un juicio por crímenes masivos, pues la razón de tanta corrupción y robo (más de US$100 millones) es que gente como Pérez Molina y la exvicepresidenta Baldetti “tomaron el poder y se han mantenido en él mediante asesinatos en masa”. Allan Nairn entrevistó a Pérez Molina cuando este era comandante en las regiones montañosas del país en los 80 y, bajo el alias Mayor Tito, “personalmente ayudó a poner en práctica el programa de masacres de Ríos Montt en contra de la población maya”. El dictador lo ascendió a General y lo puso como jefe del G2, servicio secreto guatemalteco, culpable de desapariciones y torturas.

Según Nairn, si se enjuiciara a Pérez Molina por esas masacres, se tendría que implicar a todo el ejército guatemalteco “y también al Gobierno de EE.UU. que armó, entrenó y financió ese ejército y apoyó ese programa de carnicería”.

Era la CIA quien pagaba el sueldo de Otto Pérez Molina como jefe del G2. También saldría implicado el Cacif, la asociación empresarial de la oligarquía, que apoyó al ejército y tenía sus propios escuadrones de la muerte. Los actuales dirigentes no están interesados en que se conozca su nada honorable pasado. Pues según relata el periodista Nairn, estos dirigentes que hoy andan en los 50-60 años, en los 80 realizaban  “una especie de ritual de sangre y, si había alguna acción sindical en las empresas de sus padres, algunos de estos jóvenes salían juntos a matar a los sindicalistas. Esos son los líderes de la oligarquía guatemalteca”.

Por todo eso, dice Allan Nairn, la oligarquía y Washington están buscando una salida suave, mediante la cual “un militar o un oligarca sustituye a otro. Nada básico cambia”.  

La implicación de EE.UU. en esos crímenes, la expresó el propio dictador Ríos Montt cuando ya había caído y enfrentaba un juicio por genocidio. El periodista Nairn lo entrevistó y le preguntó que si él, gran defensor de la pena de muerte, creía que debería ser ejecutado por esas masacres. El dictador se exasperó y gritó que sí, que lo mandaran al paredón y agregó: “Pero si me van a procesar, tienen que procesar también a los gringos, incluyendo a Reagan.”  

Allan Nairn estuvo presente en el juicio y se preguntaba si alguna vez será posible “estar en una corte de Texas escuchando una sentencia contra George W. Bush por los civiles que mató durante la invasión a Irak o en una corte de Illinois escuchando la sentencia contra el Presidente Barack Obama por los civiles que ha asesinado con sus aviones teledirigidos”.  

Quizá eso nunca suceda. Esperemos sí que Guatemala mande al fin a la cárcel al “Mayor Tito” y a todos los criminales que todavía andan sueltos y ojalá que ese proceso encuentre imitadores, también en EE.UU. porque, como dice Allan Nairn, “todo eso empezó en 1954 cuando la CIA invadió Guatemala, derrocó un gobierno elegido democráticamente y puso en el poder al ejército.

*Escritor nicaragüense radicado en Alemania.

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