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En una nueva era donde el uso de la madera es muy esencial para la vida humana, es casi imposible encontrar un solo país donde no se practique el despale indiscriminado. Una cultura poco ecológica que adoptó muy fácilmente la humanidad, sin pensar quizás en un futuro o en las aves que en esos árboles hicieron un hábitat.

Este es el caso de nuestro vecino país del sur, Costa Rica, el cual entre los años sesenta y setenta, atravesó el periodo más intenso referente a tala de bosques. Gracias a esto, el hábitat de una ave en particular fue invadido, el de la guacamaya verde (ara ambiguus) que se caracteriza por vivir en bosquecillos esparcidos en tierras húmedas desde Honduras hasta Ecuador. En la búsqueda de un nuevo hábitat, estas aves han concentrado su población en cinco zonas: las fronteras entre Honduras y Nicaragua, entre Nicaragua y Costa Rica, la región del Darién en Panamá, Colombia y dos pequeñas poblaciones en Ecuador.

Fue en 1994 que el científico George Powell, inició una investigación acerca de la situación de la que dichas aves eran víctimas, la conclusión fue que en Costa Rica solamente quedaban 210 aves. La noticia fue más alarmante, dijo que las aves necesitaban por lo menos cincuenta parejas para sobrevivir y que en ese momento el país contaba solamente con entre 25 y 35 parejas.

El problema, además, no terminaba ahí, y es que la guacamaya verde tiene una preferencia por el árbol de almendro, para alimentarse y anidar. Desafortunadamente, la madera de dicho árbol ha pasado a ser muy popular en los patios, plataformas de maderas y pisos lo que provoca el continuo despale y por consiguiente el desalojo a estas aves de su hábitat natural.

Powell, al determinar la situación de las aves decidió llevar a cabo un proceso de cuido y conservación de esta especie en peligro de extinción. Su estrategia dependió básicamente de la participación comunitaria y en programas de educación, comprendiendo de que la única manera de salvar las aves, era proteger el bosque, fue entonces que identificó el corredor Biológico San Juan-La Selva, una zona geográfica de 240,000 hectáreas que conecta la Reserva Biológica Indio Maíz en el sudeste de Nicaragua con la Reserva de Vida Silvestre Colorado y el Parque Nacional Tortuguero, en la costa caribeña de Costa Rica.

Después de muchos años de lucha, estas aves han comenzado a ver la luz al final del túnel, y es que Nicaragua y Costa Rica en 2002 formaron una asociación y es por lo que hoy se realiza anualmente un festival para salvar a la lapa verde, además de que distintas organizaciones de conservación para vigilar las guacamayas desde 2002, han registrado 1,500 observaciones de guacamayas demostrando un gran avance.

Estas aves hermosas, cautivan a la gente por su belleza, inteligencia y su naturaleza festiva, pero aún hace falta mayor apoyo gubernamental para auxiliar estos chillidos desde el cielo.

*Estudiante Comunicación Social en la UNAN-León.

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