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En 2005, con motivo de los cien años del poemario cimero de Rubén Darío, Cantos de vida y esperanza. Los cisnes y otros poemas (Madrid, Tipografía de la Revista de Bibliotecas, Archivos y Museos, 1905. 175 p.) Pablo Kraudy y yo acometimos la tarea de realizar una edición crítica de esa obra valorada en Francia --durante los años cincuenta-- una de las forjadoras del siglo XX. La entonces directora general del Instituto Nicaragüense de Cultura, Magdalena Úbeda de Rodríguez, la presentó, en virtud del apoyo económico que obtuvo de la Real Biblioteca de Suecia para imprimirla. El dariano nicaragüense Eduardo Zepeda-Henríquez describió tipográficamente la editio princeps, mientras yo me encargué del prólogo, de las notas contextuales relativas a cada uno de los cincuenta y nueve poemas (datos de composición y publicación, aspectos formales, fuentes, juicios); de la amplia bibliografía y de los apéndices (uno sobre los veintisiete manuscritos consultados y el otro sobre la métrica y los modelos estróficos que utilizó Darío en su opus rotundum).

Pero el trabajo medular le correspondió a Kraudy. Es decir, el criterio de edición (modernización de ortografía literal y acentual, entre otras iniciativas) y la fijación del texto, sustentado en la edición príncipe y en variantes de manuscritos y publicaciones en revistas, más las notas al pie que aclaran las múltiples referencias culturalistas, hechos y personajes mitológicos e históricos. Sin ellas, Darío corre el peligro de no ser entendido ni disfrutado como lo merece. Porque a nuestro Rubén --lo decía Luis Rosales-- hay que considerarlo un clásico moderno. Y como tal debe ser estudiado y difundido. Sin embargo, esto no ha sido posible, pues abundan las publicaciones sin rigor filológico y son escasas las que lo contienen.

De ahí la importancia de esta edición crítica que solo suscitó una reseña de Rocío Oviedo Pérez de Tudela en Anales de literatura hispanoamericana, de Madrid; un comentario elogioso de Pere Gimferrer y ningún eco en Nicaragua, donde pasó sin pena ni gloria. Por eso cabe reconocer la concienzuda labor de Kraudy, uno de nuestros intelectuales más destacados. Dariano desde los años 80, cuando colaboró sustancialmente con Fidel Coloma en sus ediciones, ha iniciado en Nicaragua la disciplina de la historia social de las ideas, habiendo obtenido con su investigación sobre el pensamiento de la conquista el Premio Nacional de Historia 2001, convocado por el BCN.

Es autor de no pocos estudios sobre Darío, entre ellos Modernidad, democracia y elecciones en Rubén Darío, Premio Nacional idem 2001, anotó los Escritos Políticos (2016) de RD y la primera edición en Nicaragua de la novela El Oro de Mallorca (2013). También a él se le debe la preparación, en cinco tomos, de la Obra de Alejandro Serrano Caldera.

En cuanto al valor de Cantos de vida y esperanza (CVE) en el ámbito de las letras hispánicas, siempre ha estado a la vista a partir de su primera edición. En mi prólogo las revaloro. Por otro lado, Manuel Gálvez afirmaba que con este poemario epinicio “ningún poeta, en el idioma español, fue tan hondo y humano como él”; y Jorge Guillén sostenía: “ninguno ha sido emperador tan absoluto en nuestros días como el poeta Rubén Darío que logró ser el poeta de todas las Españas”. En efecto, acendrado hispanismo, latinidad y americanidad identitarias, más protesta anti imperial, marcan CVE, aparte de confesionalidad desgarrante y síntesis prodigiosa de las motivaciones esenciales de su autor: la concepción del arte y la poesía como superior destino, la angustia existencial, el erotismo transcendente, el sincretismo religioso y la dimensión sociopolítica. Verdaderamente quien inició la más alta poesía de nuestra lengua fue Darío en dos poemas de CVE: en el primero de “Los Cisnes”, donde se autodefine: soy un hijo de América, soy un nieto de España; y en “A Roosevelt”: preconización solidaria del alma hispanoamericana ante las tentativas imperialistas del coloso del Norte.

Por lo demás, CVE conforma todo un orbe humano: el optimismo esperanzador y el pesimismo trágico, la fe cristiana y la duda angustiosa, la alegría y el desaliento, la amistad y el desamparo, el triunfo del arte y la condena del poetizar, la proclamación de la vida y el pavor de la muerte.

En resumen, considero que publicar de nuevo esta edición crítica de CVE, con un prólogo más amplio y su bibliografía actualizada, sería un legítimo homenaje al centenario del ingreso a la Estigia del padre y maestro mágico de la poesía moderna en lengua española.

*Escritor e historiador nicaragüense.

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