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Vive la Unión Europea un drama humanitario, como no había visto desde la II Guerra Mundial, por la marea de refugiados que asalta la ‘fortaleza Europa’.

Las cifras, inexactas, hablan de cientos de miles de personas que huyen de países devastados por guerras sin fin. De Siria, Libia, Iraq, Afganistán casi todos.

Son países que sufrieron brutales agresiones armadas por parte de miembros de la Unión Europea, encuadrados en la OTAN, siguiendo políticas dictadas por EE.UU.

Fácil fue destruir los regímenes de Iraq y Libia. Fácil invadir Afganistán, fácil promover la guerra sectaria en Siria. Imposible calcular los resultados de las políticas
de guerra.

Sobre todo cuando la soberbia imperialista-colonialista impide ver lo evidente.

Todas las guerras producen refugiados. Víctimas civiles que huyen de los conflictos armados y sus calamidades. Que quieren librar a sus hijos de los estragos de las guerras.

EE.UU. cae lejos para las víctimas de sus políticas. Europa no. Queda a tiro de piedra de los países desangrados por la OTAN.

En Europa, los gobiernos evitan establecer relación entre las agresiones armadas de ayer y la tragedia humanitaria de hoy. Pero la relación es directa, evidente.
Pocos emigraban de Siria hace tres años. Casi nadie de Libia antes de 2011. Primero son las guerras, luego los refugiados. Primero los bombardeos, después los desamparados.

Ahora cierran sus fronteras, erigen alambradas, hacen discursos. Pero solo la paz detendrá la tragedia. Una paz de la que ningún gobierno habla, ninguno.

az.sinveniracuento@gmail.com

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