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Es anecdótico un encuentro en una mesa redonda sobre el tema de Religión y Paz entre los pueblos, en el que estuvieron presentes y participando el teólogo Brasileño Leonardo Boff (católico) y el Dalai Lama (budista tibetano). Existiendo un momento en que se dio un breve diálogo entre ambos que, con sentido malicioso según reconoció el mismo Boff, hizo la pregunta en un inglés imperfecto, según dijo él mismo, en los siguientes términos “¿Santidad, cuál es la mejor religión?”.

La respuesta que dio el Dalai Lama nada tuvo que ver con la respuesta que esperaba el teólogo.

Cuenta Leonardo Boff que el monje hizo una pequeña pausa mientras le miró fijamente, para dar una respuesta que lo dejó tan perplejo que tuvo que callar maravillado y, confiesa, hasta los días de hoy, está meditando esa sabia e irrefutable respuesta. Así: “La mejor religión es la que te aproxima más a Dios, al infinito… es aquella que te hace mejor”.

Y otra pregunta de Boff: “¿Qué es lo que te hace mejor?”. Respondió: “Aquello que te hace más compasivo, más sensible, más desapegado, más amoroso, más humanitario, más responsable, más ético… la religión que consiga hacer eso de ti, es la mejor religión”.

Hace un tiempo que en Nicaragua, funcionan encuestadoras que han enfocado gran parte de su labor en medir porcentajes de adeptos. Como asunto de futbol o partido político; católica y evangélicas. Algo que mantienen generosas finanzas. Picando con temas que envenenan las emociones. Nublando la esencia religiosa.

Recuerdo una plática con un pastor amigo, que me manifestaba en un bautizo, su alegría porque parte de estos los había convencido él. A la pregunta de qué hacer después, no era muy coherente su respuesta, la meta esencial era ganar adeptos.

Pasaron un par de meses, encontré parte de esos bautizados de regreso en una Iglesia católica. Pero así como he visto regreso he notado permanencia en cada religión.

En muchos, he visto que esos cambios no han funcionado para el mejor de los resultados, como en otros sí encontré cambios admirables.

Sin ser quién para emitir juzgamiento de nadie, he de expresar que en cada caso me ha parecido que a unos les era mejor permanecer en una u otra, en la que les hizo ser mejor persona y tener mayor felicidad dentro de sí. No todos encontraron lo que buscaban en las mismas religiones.

Pero esto le vale un bledo a una encuestadora. No tiene chiste que las polémicas entren en entendimiento.

La frase de “Compitan mientras hacemos plata” está a la orden del día. Mientras quedan tantas tareas por hacer en esta sociedad. Y sin embargo nos dividimos.
Si usted, estimado lector, se toma la molestia de ver cada cuanto salen las famosas encuestas, verá un ciclo de repetición, que es el ciclo necesario, para extraer más dinero.

Es tan tal el asunto que causa conmoción en el país cada vez que dan los “últimos resultados”.

Alguna vez se han preguntado ¿cuántos problemas de personas de  una iglesia se pueden resolver con ese dinero de manera verdaderamente comprometida?
Este artículo no cambiará el pensar de quien hace negocio de las encuestas. No es ese el objetivo. El objetivo somos nosotros, para redireccionar la plata en acciones y obras de nuestra verdadera religión.

*Experto en derecho. Catedrático.

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