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El expresidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva ha declarado oficialmente que regresará a la política. Aseveró: “Aprendí una cosa, solo matas a un pájaro si se queda quieto, si se mueve no lo cazas. Yo volví a volar otra vez”.

Hay mucha bondad en sus declaraciones, pues también quiere defender a su amiga Dilma Rousseff, que padece de bajísima popularidad, enfrenta masivas presiones callejeras y denuncias de corrupción de sus funcionarios.

Ya hace unos años, el primer ministro francés Dominique de Villepin (2005-07) aseguraba, con una frase lapidaria, que la muerte nunca alcanza a los políticos. ¿Sentencia irrefutable?

Lula pretende ser quijotesco. Pero subyace también un impulso vanidoso. Él siente que sí puede volver al Brasil a sus mejores tiempos. Después de todo, la política, aunque es una industria dinámica, también requiere de mucha madurez, ponderación y sobrada prudencia. Y aunque, a veces sea necesaria la temeridad, dan mejores resultados las jugadas más cuidadosas.

Es un oficio de luchas por el poder. ¿Quién convence y arrastra más a una causa? ¿Quién prevalece? Esas son las preguntas básicas del abecedario político. También, el que se involucre, debe saber con cuánto cuenta. Pero es un inventario no solo de posesiones materiales: riqueza, medios, partido; sino también de activos socio-personales: influencias, creyentes-votantes, palancas, habilidades comunicativas, persuasivas. Se demanda que toda idea se convierta en acción. Es un trueque permanente para ganar espacios y vencer al contrario. Y aumentar, fortalecer y preservar el poder.

La política es el arte de la guerra por medios cívicos —pero no siempre incruento o ético. Es la religión del poder público. Es el arte de matar al dinosaurio para decidir quién reparte y se queda con lo más o lo menos de las carnes de la presa.

Es una batalla de pocas reglas; más bien de ventajas, oportunidades,trampas, privilegios, riesgos —aunque se procure el civismo que debiera primar. Prevalecen egoísmos, cálculos, engaños, intrigas, vanidades, compitiendo todos por igual contra acciones nobles, justicieras, humanitarias. Todas las esencias humanas mezcladas en un mismo frasco.

En política sí se mezclan bien el agua y el aceite.

La política por ser oficio antiguo, viene incorporando lo bueno y lo malo al hombre, desde que alguien por primera vez le dijo al clan: “Esto se va a hacer así”. Es ciencia, juego, arte. A pesar del derecho y la ética, la política es, a veces, cruel: está enraizada en lo más primitivo del ser: pasiones e instintos.

Pero, hay un lado luminoso de la política: es una brecha de oportunidades para ricos y pobres; es excitante, glorificante, pasional, entregada, reivindicativa, hechicera.
Observaciones personales me indican --aunque hoy no tenga suficientes estadísticas--, que a los postulantes para un segundo mandato, les va mal: Winston Churchill, Charles de Gaulle, los dos Anastasio Somoza, Carlos Andrés Pérez, Rafael Caldera, Oscar Arias, entre otros.

Hay un punto contrario. Le fue mejor a Allan García en su segundo mandato. El caso de la presidenta Michelle Bachelet es mixto: ha tenido situaciones difíciles y encomiables.

Enfatizo en algo que podría pasar inadvertido. En política los eventos tienen giros extraordinarios, repentinos, vertiginosos. Las cosas cambian sustancialmente. Los escenarios nunca son iguales, ni los personajes, ni los eventos. En este sentido, la política es una tragicomedia heraclitana.

La experiencia es importantísima. La inteligencia madura y el acierto político resultan mucho mejor luego de tantos años de bregar. Un político viejo es un “zorro” político.

Brasil subió a la sexta posición como economía global. Pero ha caído por el mal manejo económico socialista. Parece ser cuestión de liderazgo: los PT están más inclinados hacia lo social, donde han sido exitosos. Pero en la promoción de Brasil, como potencia económica, la presidenta Rousseff ha sido frágil, tímida, indecisa.

Puntualizo: hay mayor propensión de riesgos cuando los líderes se lanzan a la arena política por segunda ocasión. Esto se parece a los que regresan a su país, después de mucho tiempo, encuentran que todo ha cambiado: amigos que se fueron, nuevos vecinos, nuevas cosas. Poco es igual. Pero ellos guardan una imagen congelada en el tiempo. La foto fue solo un instante del pasado.

La vida transcurre incomprensible a nuestra razón o cariño. Es el tiempo que fluye. ¿Puede el pasado repetir todos los hechos en el  futuro? La vuelta, repetidas veces, al círculo solo es posible en geometría, mecánica o astronomía. Eso es lo que el expresidente Lula no ha percibido.

Por ahora solo siente el impulso humano de la vanidad.

* Máster en asuntos públicos e internacionales.

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