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Pase lo que pase con la precandidatura de Donald Trump hay cosas que están claras y deben preocupar a los ciudadanos de EE.UU. y al resto del mundo. El “trumpismo” va ganando terreno en el Partido Republicano, y aunque el Partido Demócrata tiene mayores posibilidades de ganar las elecciones presidenciales, si por cualquier imprevisto el Partido Republicano llegara a la Casa Blanca, llegaría con Donald Trump o con otro republicano que habrá sucumbido ante la feroz influencia de Trump y habrá asimilado muchos aspectos del “trumpismo”, como los siguientes:

La construcción de un muro, o de “algo”, para militarizar la frontera entre EE.UU. y México. Una postura belicista contra Irán, China y Rusia. Un gran desprecio por el gobierno y la política tradicional que se practica en EE.UU. Un rechazo al acuerdo sobre la prohibición a Irán de fabricar armas nucleares. El reemplazo de las leyes sobre atención médica de Barack Obama por el viejo sistema privado de salud, inaccesible para millones. Una actitud de confrontación arrogante y ofensiva tanto en política interna como en política internacional.

Otros precandidatos del Partido Republicano asumen varios puntos de esta lista; sólo Trump los abandera todos. Pero a partir del primer debate entre los precandidatos republicanos, todos ellos han buscado cómo acercarse más a las aberrantes posiciones trumpistas al ver el entusiasmo por el “trumpismo” en la base tradicional de ese partido, formada por gente ultra conservadora, mayoritariamente blancos WASP (White, Anglo-Saxon and Protestant) y blancos de las zonas rurales, poco educados, conocidos como “rednecks” (cuellos rojos), más algunos cuantos desubicados negros e hispanos. Todos los precandidatos republicanos están contagiándose del “trumpismo” porque quieren ganarse la simpatía de la base tradicional del partido.

Es curioso cómo razonan los WASP y los “rednecks”. Aunque según las encuestas saben que Trump es un tipo arrogante, colérico y mezquino, les simpatiza porque les da esperanza de recuperar la “supremacía blanca” sobre los “indeseables” negros e hispanos que contaminan “su” país y que están dejando de ser minorías sometidas a ellos, aumentando cada día y logrando mucho poder. Al mismo tiempo, esos blancos -muy ignorantes sobre política internacional- admiran a Trump porque los hace soñar con grandezas imperialistas, porque Trump se expresa con irresponsable petulancia sobre sus “enemigos”: Rusia, China, Irán… y lo haría contra cualquier otro “coco” que inventen.

Los EE.UU. liderados por el “trumpismo” crearían o se involucrarían inevitablemente en nuevas guerras --¿cuántas van ya?-- y veríamos otra vez a millares de muchachos estadounidenses uniformados matando y muriendo en otros países, provocando más antipatía contra EE.UU., exponiendo innecesariamente a los estadounidenses pacíficos a más ataques terroristas. La arrogancia y el engreimiento bélico dictarían la política internacional sustituyendo a la diplomacia y la negociación. Asimismo, millones que hoy lograron acceder a servicios médicos y pensiones los perderían; el sistema de gobierno de los EE.UU. sufriría porque el “trumpismo” desprecia la política en que se basa; y con nuevas guerras, mayores disturbios raciales y más locos armados sin control, los EE.UU. serían bastante menos tranquilos.

Afortunadamente, aunque los republicanos cuentan con mayoría entre los WASP y “rednecks”, están aumentando los blancos liberales demócratas. También el Partido Demócrata cuenta con amplia mayoría entre negros e hispanos, donde los republicanos son débiles y fueron decisivos para que perdieran las dos últimas elecciones. Ante la amenaza ideológica trumpista, más negros e hispanos votarán demócrata --excepto algunos cubanos y nicaragüenses despistados-- y se sumarán muchas mujeres blancas que repudian el sexismo machista del “trumpismo” y además no quieren ver morir a sus hijos, fuera o dentro del país. 

*Abogado, periodista y escritor.

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