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En El talento de los negros (La Nación, Buenos Aires, 28 de enero, 1912), Rubén Darío reseñó un libro curiosísimo y raro: De la littérature des nègres (París, 1808), cuyo autor era un hombre santo y afable: H. Gregoire. Se trataba de un religioso, obispo para más señas, afanado en su lucha por la libertad de los negros esclavos, como tantos otros hombres valerosos, a quienes dedica su exegético ensayo: norteamericanos, italianos, franceses como él, alemanes, daneses y suecos. “En su libro, Gregoire --anota Darío-- se encuentra consagración de caridad y don de elocuencia”.

Profuso es el número de brillantes esclavos y libertos de color que se revelan en esta obra significativa. Pero la figura que más llamó la atención a Rubén fue Phillis Wheatley (1753-1784): la primera poeta afroamericana. De origen senegalés, la capturaron y sometieron a esclavitud cuando tenía 7 años. A esa edad fue vendida por su captor en Boston, Massachusetts, a John y Susannah Wheatley. Ambos la convirtieron a la fe cristiana. Aún más: la educaron, de manera que Phillis llegó a dominar el inglés, el latín y el griego; y a instruirse en mitología e historia. Así, a sus 13 años publicó su primera composición poética en el Newport Mercury.

En 1770 --tenía ya 17 años-- tributó una elegía al reverendo calvinista George Whitefield, y a los 20, dos años antes de la guerra de independencia, publicaba en Londres Poems on Various Subjects, Religious and Morals (Poemas sobre varios asuntos religiosos y morales), dedicado a su excelencia George Washington. El propio Washington reconoció su “gran genio poético”. Pero Thomas Jefferson --ambos presidentes esclavistas de los Estados Unidos-- la criticó acerbamente. Entre sus temas, la esclavitud --y mucho menos su manumisión-- se halla ausente. Todos son de naturaleza cristiana, como informa el mismo Darío: “Lo asuntos de que trata son casi siempre religiosos o morales y respiran una melancolía sentimental tan extrema que encanta su lectura”. Para demostrarlo, nuestro gran poeta universalista traduce en prosa “An Hymn to the Morning” (Himno a la mañana), pero del francés (tomado del referido libro de Gregoire):

Secundad mis esfuerzos, templad mi lira, inspirad mis canciones, ninfas veneradas del Parnaso. Derramad sobre mis versos vuestra dulzura maravillosa, que voy a cantar la aurora.

Salud alba del día; una decoración majestuosa y matizada de mil colores anuncia tu marcha bajo la bóveda etérea; la luz se despierta; sus rayos se amparan del espacio; el céfiro juguetea sobre el follaje; los pájaros lanzan sus miradas vivas, agitan sus alas esmaltadas y recomienzan sus armoniosos conciertos.

Verdosos bosquecillos, extended vuestras ramas, prestad al poeta vuestras sombras solitarias para protegerle contra los rayos del sol. Calíope, haz resonar tu lira, mientras que tus amables hermanas atizan el fuego del genio. Las cúpulas de verdor, los vientos frescos, el espectáculo de los cielos hacen afluir todos los placeres de mi alma. Por Oriente avanza con pompa el dominador del día, a su resplandor las sombras huyen; pero ya sus fuegos abrazan el horizonte, ahogan mi voz y mis cánticos se callan forzosamente en sus comienzos.

Los blancos de Boston dudaron que una mujer negra pudiera ser tan inteligente como para escribir versos. Por eso Wheatley defendió su capacidad ante la Corte, siendo examinada por un grupo de intelectuales y el gobernador de Massachusetts. Ellos concluyeron que Phillis era la autora de sus poemas y firmaron un certificado que apareció como prefacio de su citado poemario. Ella tuvo que viajar a Londres, acompañada de Nathanial Wheatley --hijo de sus amos--, para publicarlo, ya que en Boston había sido rechazado. En Londres, la condesa de Huntington y el conde de Dartmouth la incentivaron económicamente.

En 1778 el poeta afroamericano Jupiter Hammon consagró una oda a Wheatley. A la muerte de sus amos, Phillis se casó con el negro liberto y verdulero John Peters, con quien tuvo tres hijos, pero la abandonó, quedando sumida en la pobreza y muriendo a los 31 años. En 1834, en Boston, Geo. W. Light editó Memoir and Poems of Phillis Wheatley, a Native African and Slave (Memoria y poemas de Phillis Wheatley, una africana nativa y esclava). El profesor Arna Bontemps la incluye en The Poetry of Negro (1950), como también Langston Hughes en su Poésie négro-americaine (1966). Lamentablemente, José Coronel Urtecho en su Panorama y antología de la poesía norteamericana (1949) ignora la existencia de Phillis. No fue el caso, como se ha visto, de nuestro Rubén Darío, quien la calificó de “admirable, de dulce costumbres y sensibilidad exquisita” y de “gentil y suave poetisa”.

*Historiador y escritor nicaragüense.

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