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Bunraku es un precioso tipo de teatro de marionetas japonesas de más de 300 años, diferente al Teatro de Sombras y con particularidades que lo hacen único ante el resto de teatro de títeres. Las marionetas tienen vistosas vestimentas japonesas y son casi del tamaño de una persona, de manera que es un arte mantener coherencia y coordinación, por lo difícil de su manejo.

Por ello trabajan varias personas y un narrador, que dan vida a los movimientos e historia del personaje.
Todo esto se llena de complejidad cuando se multiplican el número de marionetas y las personas detrás de ellas. Una característica del otro lado es que, a diferencia de otros tipos de teatros, quienes manejan las marionetas no están ocultos, son visibles, de manera que el espectador puede darse cuenta de lo que hacen estos artistas para provocar los movimientos.

El asunto radica en que el público, para disfrutar la obra, debe hacer caso omiso de los sujetos que laboriosa y coordinadamente trabajan en cada movimiento de su personaje, de manera que puedan disfrutar la obra de teatro.
Son años de práctica que pocos logran dominar y llegar a los grandes escenarios. Es claro que el espectador debe entrenarse para ver este teatro y omitir, sin ignorar, lo que está detrás.

A principios del mes, se divulgó por la red y periódicos la foto de un niño sirio emigrante de tres años de edad, Aylan Kurdi, que fue recogido ahogado en una de las playas de Turquía. Un uniformado lo sostenía con delicadeza pese a la inexorable realidad de su muerte. Junto con él se ahogaron su hermanito de 5 años y su madre, en un grupo de once emigrantes.

Estos hechos apenas hacen ver los hilos que mueven las masivas migraciones en este teatro de la vida, algo que tiene su ídem en la frontera de México y Estados Unidos; drama y muerte de los emigrantes.

A diferencia del teatro de Japón, que educa y culturiza en el no ver, pero viendo, en Europa y Estados Unidos se adoctrina y culturiza en los medios en la ignorancia de no ver las causas de las migraciones. En el primer caso se disfruta, en el segundo se sufre. En Japón es cultura, en estas sociedades es ignorancia.

El teatro de marionetas Bunraku es ilustrativo para comprender el subdesarrollo en humanidad de los países desarrollados.

En la Segunda Guerra Mundial el mundo abrió las puertas a los emigrantes europeos; hoy Europa pone cándalo a los millones de emigrantes, un corazón egoísta y seco en humanidad ante la realidad del movimiento de las marionetas/emigrantes, que hacen la obra dramática de este arte triste de vida.

Increíblemente, los gobiernos europeos han calificado y rayado en la ofensa a la inteligencia por “no saber” la causa que originó esos movimientos en masa, que no son más que las guerras de Irak, Libia, Serbia, Siria, Palestina, etc.

En el teatro japonés, el espectador decide no ver a los que mueven los títeres, acto consciente, no ingenuo. En el teatro de los que mueren por centenares en los últimos meses en Europa, las causas de esas consecuencias no las “ven”. ¡Qué atrofia! Cultivan guerras, cosechan migraciones. Una Europa que se muestra sorprendida de su propio teatro de Bunraku.

*Experto en derecho. Catedrático.

 

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