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Gozó Nicaragua la victoria de la Selección Nacional de Futbol en Jamaica y lloró su derrota, en los últimos minutos, en Managua. Aguantar tanto para perder de repente resulta duro.

Pasó, años antes, al Bayern Munich, en una final de Copa de Europa. Fue ganando casi todo el partido 1-0 y, en tiempo de descuento, cuando celebraban la victoria, el Manchester United metió dos goles en dos minutos. Los jugadores del Bayern lloraron desconsoladamente aquella derrota.

Dice un refrán, en España, que hasta el rabo todo es toro, es decir, que hasta que no termine algo no puede darse por concluido. Lo vivió el Bayern. Nos tocó vivirlo ahora.

Pero, pese a la eliminación, hay motivos para la alegría. Hace veinte años el futbol era, en Nicaragua, deporte residual. Todo lo ocupaban beisbol y boxeo, boxeo y beisbol.

Hoy no es así. El futbol se ha extendido como pólvora y miles de jóvenes juegan al deporte más popular del mundo. Se ha pasado de la nada a disputar duramente plaza para campeonatos mundiales.

Queda camino por recorrer. Será más corto y plácido o más largo y difícil, según el apoyo que reciba, público y privado. Sin apoyo alguno volveremos al triste hueco.

El deporte es salud social, personal, mental. Sus bondades están tan comprobadas que es innecesario recordarlas. La práctica deportiva hace sociedades más sanas, más felices.

Perdimos, pero ganamos. Toca seguir empujando el deporte, para hacerlo general. Tendremos un mejor país.

*Experto en Derecho Internacional y Relaciones Internacionales.

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