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El mundo presencia hoy uno de los mayores desastres de la historia: Irak, Libia y Siria, tres países Patrimonio de la Humanidad, con buen Índice de Desarrollo Humano, con preciosos tesoros arqueológicos, con verdaderas reliquias de ciudades antiguas, con ciudades modernas que mostraban su pujante progreso; estos países han sido destruidos por las tropas y bombardeos de los EE.UU. y sus aliados, más las fuerzas del Estado Islámico o ISIS armadas por EE.UU. Además de la destrucción causada y de los millones de muertos y muchedumbre de refugiados, se fortalecieron ISIS y Al Qaeda, al desaparecer los gobernantes Sadam Husein, de Irak; y Muamar Gadafi, de Libia, y debilitarse Bashar al-Asad, de Siria, los cuales tenían reprimidos y neutralizados a estos grupos criminales.

Más de 1.2 millones de iraquíes han muerto como resultado de la invasión iniciada en 2003 por George W. Bush, según el prestigioso grupo británico Opinion Research Business. Estas cifras sobrepasan los 900,000 del genocidio de Ruanda en 1994, y se aproxima a la de los Campos de la Muerte en Camboya, durante Polt Pot, el “Hitler” camboyano.

Durante los primeros cuatro años de ocupación militar estadounidense fueron enviadas a los barrios “hostiles” más de 1,000 patrullas diarias. Cada patrulla invadía unos 30 hogares diariamente con la misión de interrogar, arrestar o matar a cualquier iraquí “sospechoso”. A los soldados estadounidenses se les advertía: “no corran riesgos”. Al terror causado por las tropas de EE.UU. se suma ahora el terror a ISIS, que controla un tercio de Irak. Unos 5 millones de iraquíes han sido desplazados por la violencia desde la invasión de Bush en 2003, y se suman casi 100,000 más cada mes.

Dice Euronews que Libia, antes el país africano con más altos niveles de progreso e índice de desarrollo humano, ha quedado peor que Somalia después de los ataques de EE.UU. y la OTAN. Se ha destruido casi la totalidad de su infraestructura con un saqueo sistemático de su riqueza. Funcionan varios “gobiernos” con diferentes “capitales” imperando el caos total. Libia dejó de ser realmente un país. Allí la vida humana no vale nada, pues se matan por rivalidades políticas o por un pedazo de pan. Sin duda suman centenares de miles los muertos, pero Amnistía Internacional, por ejemplo, en semejante caos no ha podido obtener un cálculo confiable. Según Acnur “al menos” medio millón de libios han emigrado; pueden ser mucho más, y aumentan. Allí también están establecidos importantes centros de mando y cuarteles de ISIS y de Al Qaeda.

En Siria, según Europa Press, la guerra civil ha devastado la mayoría de las ciudades y dejado más de 300,000 muertos, de los cuales unos 100,000 son víctimas civiles. Han huido más de 4 millones de refugiados. ISIS controla la cuarta parte del país, y entre ISIS, Al Qaeda y otros grupos controlan tres cuartas partes de Siria. El gobierno de Bashar al-Asad solo controla el 25% del territorio.

No había armas químicas en Irak amenazando a EE.UU., como mintió Bush. La ONU, Alemania, Francia, Juan Pablo II, casi el mundo entero rogó que no invadieran Irak. La ONU prohibió bombardear Libia. La opinión mundial condena que los EE.UU. hayan entregado armas a Al Qaeda e ISIS. ¿Cómo prefirieron fortalecer Al Qaeda e ISIS para acabar con Husein, Gadafi y Bashar que no eran ningún peligro para ellos? ¡Inexplicable! Las consecuencias son fatales. Sin embargo, mientras se desborda un mar de refugiados en Europa, los republicanos en EE.UU. amenazan con otra guerra, ahora contra Irán, otro enemigo de ISIS. ¡Increíble!

 

*Abogado, periodista y escritor.

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