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Los resultados de las recientes elecciones en Guatemala sorprendieron a los más experimentados analistas. ¿Quién daba un voto por Jimmy Morales en abril, cinco meses antes de los comicios? Nadie. En aquella fecha, la campaña millonaria de Manuel Baldizón, candidato de Libertad Democrática Renovada (Líder), lo había encumbrado hasta la cima y su equipo ya hacía planes para una eventual segunda vuelta, pues los sondeos le aseguraban alrededor de un 40% de los sufragios.

Más atrás, remando contracorriente, se ubicaba la ex primera dama Sandra Torres, de Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), quien se había construido una imagen positiva en base de programas sociales en las zonas urbanas, cuando acompañó a su esposo el expresidente Álvaro Colom. Ahora, es ella quien disputará la segunda vuelta con Morales el 25 de octubre.

Lo insólito y paradójico de estos comicios no se circunscribe únicamente a los resultados. Estas elecciones se desarrollaron en un ambiente de agitación política, con decenas de miles de guatemaltecos en las calles, exigiendo la dimisión del entonces presidente de la República, Otto Pérez, para protestar por los escándalos de corrupción, la no reelección de diputados y castigo a los políticos en las próximas elecciones.

Para muchos, el sistema político había colapsado. En ese contexto, 7.5 millones de guatemaltecos estaban habilitados para votar y el abstencionismo era una opción viable para repudiar el cuestionado sistema. Pero no fue así. 7 de cada 10 guatemaltecos fueron a votar.

La primera sorpresa: Morales, un comediante reconocido en el ambiente artístico, un “outsider”, que si bien no logró reunir el descontento ciudadano, pues apenas logró un poco más del 23% de los sufragios, ha sido suficiente para asegurarse el triunfo en primera vuelta y disputar la presidencia el mes próximo.

Con esta participación, que supera las dos elecciones anteriores de 2007 y 2011, cuando en cuestión de pocas semanas la presión y las acusaciones de corrupción obligaron a dimitir, primero a la vicepresidenta y después el presidente; cuando hay señalamientos de conductas indebidas en contra de candidatos a la vicepresidencia, como el caso de Edgar Barquín, compañero de fórmula de Manuel Baldizón; así como de postulantes a diputados y a otros cargos de elección popular, muchos se preguntan si esa alta participación avaló el sistema que precisamente ha repudiado, o se esperan más sorpresas en la segunda vuelta porque, a juzgar por lo que dicen las más diversas opiniones, hasta hoy todo sigue igual: el sistema está intacto y hay muchos que todavía desde la oscuridad o a plena luz del día, siguen campantes, pese a que tienen cuentas pendientes con la justicia.

¿Quién tiene más posibilidades de hacer suyo el clamor de la ciudadanía, harta de un estamento político coludido con otros sectores de poder, sea este empresarial, militar, religioso, sindical, etc.? Del candidato del Frente de Convergencia Nacional (FCN), Jimmy Morales, dicen que no es más que un instrumento de un grupo de exmilitares y algunos en activo, los verdaderos dueños del partido, que participaron o legitimaron dictaduras civiles y militares décadas atrás.

Morales negó que el partido esté dominado por “halcones” sanguinarios, pero admitió que hay exmilitares “como en otros partidos”. El 23% está lejos de ser una cifra representativa del sentimiento popular. Morales es un hombre de ideas conservadoras, que se autodenomina cristiano evangélico y asegura que está en contra del aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo y la marihuana.

Por su parte, la candidata de UNE, Sandra Tórres, es una mujer de agallas tras escalar al segundo lugar, desplazando al super favorito Baldizón. De ella se dice que tiene un carácter fuerte y a veces autoritario, que durante el mandato de su esposo utilizó los programas sociales del gobierno, casi todos ideados por ella, para hacerse una imagen y una proyección política, especialmente en las zonas rurales, cuya población fue la más beneficiada con esos planes de asistencia. Por su experiencia, su conocimiento de las realidades y necesidades de los sectores no favorecidos, podría ser la otra sorpresa de estas inéditas elecciones.

*Periodista nicaragüense.

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