Erick Aguirre
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Hace tiempo solía encontrarme con Reynaldo Díaz Sarria en un pequeño restaurante chino llamado Gran Mundial, en el barrio Costa Rica de Managua. Ubicado no muy lejos de El Nuevo Diario y La Prensa, al Gran Mundial llegaba yo a veces a almorzar un modesto Chop Suey o una milanesa de cerdo en tomate, que para mí son lo mejor de su menú.

Esta última observación siempre fue corroborada, con experiencia y conocimiento de causa, por los poetas Álvaro Urtecho e Iván Uriarte, quienes, dicho sea de paso, fueron quienes me presentaron a Díaz Sarria, piloto, abogado y ferviente devoto del oficio literario. Como él mismo lo confiesa, sus grandes aficiones en la vida son volar aviones y leer y escribir cuentos.

Díaz Sarria ha bregado desde hace tiempo, con admirable humildad, como un modesto diletante literario entre ciertos círculos íntimos de escritores que desde hace rato conocen de su silenciosa afición por las letras, especialmente por los cuentos o relatos de ficción.

Ahora que se ha atrevido a publicar su primer volumen de relatos, al leerlo me he encontrado con no pocas sorpresas, y con bastantes evidencias y sustentos como para convencerme de que, sin duda, es un narrador auténtico.

El libro se titula Hashira, la afgana (2015), y contiene catorce relatos que aleccionan y al mismo tiempo entretienen; recrean vivamente muchos ambientes, cercanos y lejanos en tiempo y espacio. Entre ellos el de la vieja Managua y los de algunas provincias de Nicaragua.

Pero también ambientes y culturas mucho más remotas a lo largo de este vasto y diverso planeta.

Son relatos que divierten, aunque el entretenimiento que nos ofrecen nos sepa a veces agridulce, como la vida misma, con su acritud cotidiana y sus felices intermitencias. A pesar de su aparente sencillez, de su lenguaje directo y sin muchos adornos, con eventuales vuelos literarios, al menos a mí estos cuentos me parecen escritos como para ser leídos por gente familiarizada con el oficio literario, que a su vez nos familiariza con el escrutinio constante del misterio de la existencia.

La lectura de este libro siempre será provechosa; siempre conseguirá llamar la atención hacia los más comunes o extraordinarios sentimientos y emociones humanas. Cada relato es en apariencia simple, sin muchos misterios tejidos en el camino, con finales abiertos y sin sorpresas, pero en general cargados de emociones benévolas.

Son relaciones entretenidas de hechos y acontecimientos misteriosos o cotidianos, que además les ocurren a individuos también simples, personas corrientes. Pero cada relato tiene un brusco relieve extraordinario que sutilmente sobresale, y hace que, de manera casi imperceptible, captemos otra significación de lo que en apariencia es, repito, simple o cotidiano.

Hay un guiño constante del narrador subrayando, en medio de los hechos relatados y la descripción de ámbitos y personajes, las complicadas alternativas o dilemas morales que se esconden tras los conflictos humanos más comunes. El propósito parece ser  mostrarnos la complicación de lo aparentemente simple: irrigar la semilla de la duda en la mente del lector, obligándolo a una observación más sutil y despierta de lo que en apariencia se nos muestra banal.

La aparente jocosidad de algunas de sus tramas y el talante jovial de algunos de sus personajes, casi siempre desembocan en asuntos, a la larga, de gran seriedad; asuntos que la claridad del lenguaje de los propios relatos los convierte en accesibles; nos ayuda a su mejor comprensión.

Son los frutos de un escritor, aunque hasta hoy inédito, maduro. Narrador tardío, dirán algunos desde una impresión superficial. Sin embargo, aunque no lo parezcan, y sin ser de difícil lectura, casi todos estos relatos exigen mucha atención. Sus mensajes poseen cierta densidad, cierta acritud escondida en la simpleza y la cotidianidad.

Por eso invito a leerlos. A los jóvenes para que después vuelvan a ellos y se reencuentren con la parte lamentablemente obviada, y olvidada, de sus vidas. Y a los adultos para que simplemente los disfruten, como una taza de leche caliente antes del sueño.

*Escritor y periodista.

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