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El prócer italiano Giuseppe Garibaldi, forjador de la unidad de su patria en el siglo XIX, llegó a Masaya en 1851 y estuvo allí en dos ocasiones: durante la ida y al regreso de su viaje de Granada a San Miguel, El Salvador. Sin embargo, fue en Masaya donde desarrolló una gran actividad: más que en cualquier otra de las ciudades de Nicaragua.

Según la tradición oral, Garibaldi reparó en Masaya una vivienda que se estaba cayendo, enseñó a los indios de Monimbó la industrialización de la cabuya, y a su amigo Leónidas Abaunza la elaboración de jáquimas. Esto lo ha trasmitido el historiador granadino José Ramírez Morales. Pero el doctor Mariano Vega Bolaños es más explícito cuando afirma que Abaunza era zapatero. “Se refiere –agrega-- que cultivó amistad con Garibaldi, quien le enseñó a fabricar riendas y cabezadas de cuero, primorosamente tejidas, lo que dio lugar a una nueva industria. También se dice que introdujo algunas modificaciones en la industria de canastas y sombreros de palma, y enseñó la fabricación de petates”.

Ello debió suceder a partir del 13 de junio de 1851 durante su viaje a San Miguel, a través de la zona del Pacífico y sus poblados importantes, como él mismo lo revela: “We see Masaya, Managua, León, Realejo, Chinandega, Viejo, several hamlets in the road…” (el diario lo escribió en inglés); pero, más que todo al regreso, porque tenía prisa para llegar a San Miguel con su amigo Francesco Carpaneto y hacer los contactos comerciales que entonces planeaba. Además sugiere que no duró mucho en Masaya al escribir en su diario: “We see Masaya…” (Giornale di bordo del bastimento Giorgia e del brigantino Carmen…).

Lo cierto es que, para el 26 de junio del mismo año, se hallaba en el puerto de la Unión, El Salvador, de vuelta hacia Granada; anteriormente había visto, pues, “the wonderful volcans” (“los maravillosos volcanes”) de la Cordillera de los Maribios que llama “Indrí” (sic) en vez de Nindirí. Garibaldi viajaba de incógnito, con nombre supuesto (el de capitán José Ansaldo). Sin embargo, descubrió su personalidad  a quienes lo visitaba, como sucedió en León. Lo mismo hizo en Masaya. Escribía Mariano Vega Bolaños en 1955: “Cultivó buena amistad con los señores Francisco Luna, general; Domingo Lacayo, don Carlos Alegría, licenciado don Rafael Zurita y otros que eran liberales y se apellidaban jacobinos; pero otro sector miraba a Garibaldi con cierto recelo, a causa de sus ideas, y decían que era masón y enemigo del papa”.

Agrega Vega Bolaños: “También se dice que hablaba de la Libertad y que decía que su espada estaba al servicio de cualquier pueblo oprimido que se la solicitara;... Dícese que una noche regresó a Granada sin despedirse de nadie. Durante su permanencia en esta ciudad (Masaya), Garibaldi vestía chaqueta roja y sombrero de cortas y enroscadas alas, también rojo (cachucha o bonete)”.

Mas su principal amistad en Masaya la tuvo con una reciente viuda, originaria de Las Segovias: Francisca Mantilla. Esta había sido casada con el abogado José Benito Rosales, granadino educado en León. Desde luego, la amistad entre Garibaldi y doña Francisca fue más que eso y su fama trascendió a un dístico rimado en forma de dicho que, en el pasado remoto, se aplicaba a los extranjeros con éxito amoroso entre las hembras de la ciudad. Decía: “si es italiano, no hay duda: / le alza la mantilla a la viuda”.

Vega Bolaños añade que Garibaldi contrajo enfermedad en Masaya, siendo asistido por don Enrique Solórzano. En resumen, pocos días duró el prócer italiano entre los masayas: al pasar en su viaje hacia El Salvador, a partir del 13 de junio de 1851 y cuando llegó otra vez, ya de regreso, inmediatamente después del 6 de agosto del mismo año. En esa fecha salió de León para Granada. El 15 del mismo mes se hallaba en San Juan del Norte, según la carta que redactó allí en esa fecha. Por consiguiente, los días que estuvo en Masaya fueron escasos, no obstante su estada resultó fecunda y se ha recordado exactamente el sitio de la casa en que habitó.

¿Dónde quedaba? En el inmueble que muy posteriormente sería propiedad de la señorita María Pérez Tapia, ubicada en la entonces llamada Avenida Progreso, contiguo al Banco Nicaragüense.

*Escritor e historiador.

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