•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Cada 21 de septiembre, las asociaciones que aglutinan a colaboradores, familiares, cuidadores y pacientes con la enfermedad de Alzheimer, intentamos detener por 24 horas el tiempo, para recordar a toda la sociedad que existen millones de hombres y mujeres a quienes se les perdió su más valioso recurso para existir en comunidad: su memoria.

¿Cómo y qué decir en una conversación? ¿Cómo llamar a una persona, animal u objeto para ejecutar alguna actividad en la vida diaria? ¿Cómo hacer para encontrar una dirección o nombre de un ser que me saluda? Esas serían, entre tantas, las interrogantes elementales que cualquier ser humano se hace y contesta de manera automática, sin enterarse siquiera que lo hace, pero que es un imposible para quien ha perdido su capacidad cognitiva (raciocinio, pensamiento, inteligencia, etc.).

La enfermedad de Alzheimer es ya una pandemia, es decir, afecta a todos los países del mundo. Desarrollados y pobres, o saliendo de la pobreza, a como nos han clasificado los gurúes de la economía nativa. Los mandrakes, que parece que no transitan por el Corredor Seco, donde el fenómeno de El Niño hace estragos, o por los cinturones de miseria urbanos que describía un exministro de bienestar social en los 80, en su libro El Infierno, y que siguen allí.

En el anuario estadístico de la Comisión Económica para América Latina (Cepal), las cifras de población nicaragüense en riesgo de Alzheimer, según evidencia médica/científica, estiman que de un total de 311,900 adultos mayores (según censo del Inide), aproximadamente 28,078 personas, es decir un 9%, serían enfermos del mal de Alzheimer.

Ese 9% es un indicador utilizado en poblaciones compatibles genética, cultural, económica y sociológicamente con la nuestra. De estudios mexicanos replicamos cifras. Carecemos de estadísticas y estudios propios y siempre debemos extrapolar casuísticas de países que sí hacen estudios, sistematizan y llevan estadísticas, y que además tengan algún parecido con la realidad que vivimos.

Estudios internacionales refieren que para el 2050 la cantidad de enferm@s superará los 100 millones, concentrándose el mayor incremento en países de la región latinoamericana, que tienen mayor crecimiento de población, mayor expectativa de vida y mejores niveles de salud y control de morbimortalidad. Irónicamente, la calidad de vida general es inversamente proporcional a dichas variables sociodemográficas.

Un intento de conocer la realidad nicaragüense sobre el tema en cuestión se desarrolló entre el 2009 y 2011. El estudio Caracterización de la Enfermedad de Alzheimer en Nicaragua (Carenan), que involucró a 18 investigadores (médicos, biólogos, neuropsicólogos), intentó conocer la prevalencia de la enfermedad, así como validar los indicadores o variables internacionales, en un estudio piloto en unidades de salud de Managua.

Algunas conclusiones destacadas fueron que: la prevalencia del deterioro cognitivo y/o demencia puede ser del 20%, que todo adulto mayor con deterioro cognitivo leve-moderado puede pasar a demencia en los próximos 5 años del hallazgo, que el 18% de los encontrados con deterioro severo será pacientes con demencia en los próximos 12-18 meses (deterioro cognitivo mayor, según nuevas clasificaciones) y según intervenciones farmacológicas y no farmacológicas realizadas o no. El subdiagnóstico parte del desconocimiento de la misma familia/comunidad, quienes consideran que las alteraciones son porque ¡todo viejo empieza a chochar y quiere llamar la atención!

Los nuevos estudios sugieren continuar ensayando o ejecutando lo que se maneja hasta este momento: Las terapias farmacológicas (rivastigmina, donepezilo, galantamina y memantime) y las terapias complementarias en casos de comorbilidades, junto a las terapias no farmacológicas  (meditación, musicoterapia, zooterapia, terapia cognitiva y de reminiscencia, etc.), mientras terminen los estudios de nuevos medicamentos en investigación (inmunoterapia, anticuerpos monoclonales, etc.).

Se destacan de mucha importancia las siete medidas de prevención aplicables a muchas enfermedades, incluyendo las neurocognitivas: control de sobrepeso y obesidad, control de hipertensión, control de lípidos (grasas), control de diabetes, evitar alcohol y tabaco, mantener actividad física regularmente y fortalecimiento de actividad intelectual (leer, escribir, dibujar) práctica de ejercicios mentales (crucigramas, sudokus, etc.), musicoterapia, meditación, aprendizaje de otro idioma, etc.

Cruzar la barrera de los 65 años nos expone. Intentemos fortalecer nuestra salud física y mental para llegar con suficientes defensas y, recordemos siempre a quienes ya no recuerdan.

*Médico.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus