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En las últimas décadas, las Cumbres Mundiales de Educación y múltiples iniciativas de reformas educativas de los países más preocupados por su educación, sobresale el interés de priorizar el aprendizaje básico de la lectura y la escritura y la aritmética. De hecho, tanto la Cumbre Mundial de Educación para Todos de Jomtiem (Tailandia, 1990), como su rememoración en Dakar (Senegal, 2000), y el reciente Foro de Incheon, Corea del Sur, reiteran este interés.

El aprendizaje de la lectoescritura y su desarrollo hasta lograr su nivel de madurez en la educación escolar, representa la antesala y condición imprescindible para que la calidad de los aprendizajes logre darse. Cuando este aprendizaje no se logra desde los primeros años de la educación, se hipoteca la calidad de las profesiones y el futuro de la sociedad, su desarrollo humano y económico.

Al pasar revista a los diferentes niveles educativos podemos constatar este drama profundo, al que aún no se le da la importancia debida. Los jóvenes que llaman a las puertas de la universidad, en su mayoría, fracasan en este intento, precisamente porque su condición lectora y escritora es extremadamente deficiente. Ello les impide, no solo leer con la fluidez requerida, sino de manera particular, comprender lo que leen, impidiéndoles resolver exitosamente las cuestiones relativas a la prueba de español, e incluso la de matemáticas.

Lo anterior pone de manifiesto que el proceso de desarrollo de esta habilidad lectoescritora, en el continuum curricular de la educación básica y media, no se está logrando, comprometiendo gravemente un amplio conjunto de competencias de aprendizaje, cuya calidad está en dependencia del logro previo de esta competencia.

Lo grave del caso es que, cuando esta metacompetencia no se logra en los primeros niveles, tampoco se superará en la educación superior, trasladando este déficit al ámbito profesional, con las consecuencias funestas que ello conlleva. En este mismo sentido, la falta de comprensión de lo que leen y escriben, se convierte en el principal obstaculizador de su aprendizaje y de su futuro profesional. Lo más triste, a este respecto, es que la falta de metacomprensión y metaescritura hace que los propios educandos no tengan conciencia de que no están comprendiendo lo que leen y escriben.

Las raíces de este grave problema educativo debemos ubicarlas en la formación que reciben maestros y maestras en su preparación inicial. Efectivamente, la escuela normal tiene la función de preparar a los futuros educadores en los contenidos y competencias científicas de las disciplinas que deben enseñar, y en las capacidades pedagógicas y didácticas que posibiliten esta transferencia. Para ello estudian más de veinte asignaturas, sin intensificar su preparación en lectura y escritura, a sabiendas que la preparación con que ingresan sus aspirantes a la escuela normal es sumamente deficitaria. Basta visitar escuelas, particularmente en el ámbito rural, para darse cuenta de los problemas ortográficos y lectores de maestros y maestras normalistas.

Lo dicho permite entender que los hábitos lectores y de escritura de la ciudadanía en general también sean precarios, lo que tiene sus raíces en los débiles hábitos lectores de maestros y maestras y la forma exponencial con que sus consecuencias funestas se multiplican en la niñez y juventud. Contribuye a reforzar este panorama el encarecimiento de los libros que se venden en las librerías y el poco acceso que tiene a ellos la ciudadanía.

Las alcaldías, por lo general, aún no se están ocupando con la prioridad debida, de promover la cultura y cultivo de la lectura. Otros organismos comunitarios y organizaciones de la sociedad civil también debieran interesarse y promover estos hábitos esenciales para que otros aprendizajes se puedan alcanzar. En tanto, padres y madres de familia tomen conciencia y se comprometan en promover la lectoescritura en casa, estarán sentando bases firmes para el futuro profesional de sus hijos e hijas. En este orden, muchos comunicadores a cargo de diversos programas televisivos y radiales, muestran debilidades notables en sus formas de expresión, que sirven de contraejemplos para la ciudadanía, convirtiéndose en reproductores eficaces de las incorrecciones en el lenguaje.

Ciertamente hay iniciativas encomiables que promueven el interés por la lectura en niños, niñas y jóvenes. Sin embargo, no cuentan con la facilidad para apoyar a los centros educativos públicos.

Un esfuerzo importante de Usaid, en este sentido, es relevante de manera particular por las consultas que viene realizando con actores interesados y especializados de todo el país, con la intención de formular propuesta al Ministerio de Educación, que pudieran contribuir a la toma de decisiones y formulación de políticas educativas en este terreno.

A la par de estas iniciativas de algunos de estos esfuerzos, es preciso lograr que la matriz donde se origina esta problemática pueda ser controlada y superada. Una revisión del currículum de primaria y secundaria posibilitaría incluir o reforzar aspectos que fortalezcan procesos de afianzamiento de competencias de lectoescritura madura. Esto, sin embargo, no tendría mayor sentido si a la par no se lograra consensuar una política específica dirigida a intensificar la preparación inicial y permanente de la competencia lectora y escritora de maestros y maestras de primaria y secundaria.

*Doctorado en Educación y Didáctica de las Ciencias.

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