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El vertiginoso crecimiento de China en la última década, moldeó a la economía mundial, originando un portentoso motor de estrategias corporativas, mercados financieros y decisiones geopolíticas.

China parecía tener el ímpetu para suministrar una fuente estable de ganancias. Pero crecientes temores económicos sobre el país, que culminaron en un reciente revés en el mercado global, obligan a una profunda reflexión.

La economía de China, por mucho tiempo semillero confiable de crecimiento, se tambalea, suscitando preocupaciones que ahora agitan a los mercados bursátiles mundiales.

En tal sentido, surgen varias teorías para alimentar el debate desde la imperante necesidad de hacer un diagnóstico del momento histórico en que se encuentran, y obtener una radiografía de la coyuntura actual.

El profesor de economía en la Universidad de Harvard, Kenneth Rogoff, pronosticó con precisión la crisis de deuda de la Eurozona, y durante años ha sostenido que China representa la siguiente gran amenaza para la economía mundial. “En la economía, las cosas tardan más tiempo en suceder de lo que uno pensaría y luego ocurren más rápido de lo que uno creería”, advierte.

Después de ese pronóstico de 2008, Rogoff coescribió Esta vez es distinto…, un influyente libro que analizó ocho siglos de crisis financieras. Él y Carmen M. Reinhart, su coautora, afirmaron que todas ellas, tienen el mismo origen: demasiada deuda.

Para comprender el ejercicio desatado del mercado bursátil en días recientes en todo el mundo, solo se necesita dar un vistazo al asombroso monto de deuda de China, a su trastabillante economía y a su habilidad para contagiar al resto del mundo, de que podía acumular deuda, pero de algún modo era inmune a las gravitaciones de los mercados financieros.

Rogoff citó: “el control del gobierno sobre los mercados, los millones de trabajadores que migran a las ciudades, y la tasa de ahorro del país de alrededor del 30%, del ingreso disponible, como solo algunas de las razones por las que se afirmó que China era inmune a una depresión económica severa”.

Agregó, “es muy vulnerable”, “hay mucha deuda”. Se desconoce precisamente cuánta resta, dada la poca transparencia del mercado de China.

La firma de consultoría McKinsey & Company publicó recientemente un informe, externando que la deuda de China se elevó de 7 billones de dólares en 2007 a 28 billones para mediados de 2014.

El estudio indicó que “al ascender al 282% del PIB, su deuda como proporción del PIB, aunque manejable, es mayor que la de Estados Unidos o Alemania”.

Falta saber que tan interconectada está la economía de China con el resto del mundo, Rogoff no es la primera persona que le identifica como potencial riesgo.

Henry M. Paulson Jr., exsecretario del Tesoro de Estados Unidos, dijo: “Francamente, no es cuestión de si sucede, sino de cuándo enfrentará el Sistema Financiero de China un ajuste de cuentas y tendrá que lidiar con una oleada de pérdidas crediticias y reestructuraciones de deuda”.

Existen poderosas razones políticas por las que China precisa convencer al mundo, y a sus propios ciudadanos, de que puede manejar sus convulsionados mercados financieros y su desacelerada economía. Se ha planteado la posibilidad de una crisis significativa, debido a que quedaron muchas interrogantes en el tapete.

Rogoff, señaló otro factor que ha contribuido a las calamidades financieras de China: “El colapso financiero lleva a un colapso social, lo que lleva a un colapso político” y “ése es el verdadero temor”.

Sin embargo, con los billones de dólares que China tiene en reservas, podría contar con herramientas suficientes para evitar que, al menos por ahora, una calamidad se extienda por todo el mundo.

Preocupado por mantener la estabilidad social, toma agresivas acciones, apuntando al mercado bursátil, para inyectar dinero al sistema financiero y estimular la economía. Pero el presidente Xi Jinping no tiene mucha experiencia en el manejo de una recesión.

*Diplomático, jurista y politólogo.

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