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La presencia del papa Francisco en Cuba avivó la posibilidad de una reconciliación entre los cubanos que viven en la isla y quienes están en el exilio, haciendo sentir más cercanos los cambios que conducirían a Cuba a la paz, la armonía y la unidad, tres palabras que ciudadanos comunes han repetido ante preguntas de periodistas extranjeros congregados en La Habana con motivo de la visita del Pontífice.

Francisco, quien busca el fin del embargo comercial de Estados Unidos contra Cuba y que de ello se derive el respeto a la libertad y los derechos humanos en la isla, hizo énfasis en que son más importantes las personas que las ideologías. “El servicio nunca es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a las personas”, expresó su Santidad.

Al llegar Francisco a La Habana se hace patente una nueva realidad: Cuba cuenta ya con el acompañamiento de la Iglesia católica y los cubanos se identifican con esta más que nunca, al margen de si son religiosos o no. Hemos escuchado estos días expresiones de cubanos en la isla que hace unos años eran inimaginables. Por ejemplo, una militante del Partido Comunista dijo tener la esperanza de “que Dios nos pueda ayudar y que el Santo Padre, cuando vaya al Congreso de Estados Unidos, pueda abogar por nosotros”.

Desde diciembre pasado se supo que el Papa había intermediado en un proceso largo para conseguir la reconciliación entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, con más de medio siglo de confrontación en que la principal víctima ha sido el pueblo cubano, por las limitaciones económicas que ha provocado el embargo y por las restricciones para actuar y salir con libertad de la isla.

El mensaje del Papa en Cuba es sencillo: Ayudar a los demás y no excluir a nadie. “Ser cristiano entraña servir la dignidad de sus hermanos, luchar por la dignidad de sus hermanos y vivir para la dignidad de sus hermanos”, expresó, advirtiendo de no caer en la tentación de solo favorecer “a los ‘míos’ en nombre de lo ‘nuestro’”, porque eso sería exclusión.

La historia de Cuba ha dado un gran vuelco. La isla vive una reconciliación real con Estados Unidos, su otrora principal enemigo; y se ha tomado de la mano con la Iglesia católica, vista hace décadas por el gobierno cubano como una adversaria ideológica, para dejarse llevar hoy por el sendero de la reconciliación y el humanismo que predica Francisco. Eso significa que la esperanza de un cambio verdadero en Cuba y para todos los cubanos, se gesta en firme. Que así sea.

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