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Para cuando se publique esta columna, el papa Francisco ya habrá comenzado su visita a Cuba y lo habrá recibido don Raúl Castro. Miles de cubanos lo habrán visto. Y el pontífice, nacido argentino, pero hoy jefe de Estado Vaticano, habrá tocado ya temas controversiales.

Estará también en Estados Unidos. Pero, primero visita a los “comunistas”; luego a los “capitalistas”. Parece un viaje mágico en el tiempo, a los extremos ideológicos.

El punto es que este Papa sorprende por todo lo que dice, cómo lo dice, y dónde lo dice.

Y me pregunto: ¿qué es más: pastor o estadista?

Sin dudas, el líder de los cristianos-católicos es un pastor de millones de fieles; y como tal debe guiarse por los evangelios, las encíclicas, cartas pastorales e interpretación doctrinaria de sus teólogos, y la sabiduría de su iglesia, acumulada como ninguna otra institución en esta Tierra, a lo largo de 2,000 años.

No es poca cosa. El Vaticano es un Estado teocrático con mucho poder político: influencia y acceso globales; sabiduría; experiencia, archivos históricos, recursos. Algo envidiable con lo que muchos políticos quisieran contar. ¿No?

No sé nada de temas teológicos. Pero observamos que este Papa sí es muy accesible, cariñoso, sencillo, des-protocolario, indiscriminativo, aborda-todo; goza de buen liderazgo. Hace tanto como lo que dice: visitando cárceles, asilos, hospicios, guarderías, barrios miserables; sentándose a comer con cualquiera; recibiendo y dando la mano a todo el mundo. Es popular sin ser populachero; es comunitario sin ser comunista; es sociable sin ser socialista; es crítico sin ser criticón; es caritativo sin lucir populista.

Comprensiblemente, lo que el Papa diga es justificable como prédica moral. Pero, sus opiniones, por muy controversiales que sean, dejan en libertad a sus seguidores para aceptarlas o no. Claro, que el catolicismo tiene sus reglas. Pero nunca una regla rota llevaría a un infractor --modernamente-- a la inquisición, como ocurriera hace unos siglos.

Y los Papas modernos (y no sé si por la multiplicidad de los medios o cuestión de la época), hoy son capaces de hablar de cualquier tema, que antes nunca habrían sido abordados: migraciones, medioambiente, impuestos, explotación social, capitalismo, quiebras bancarias, libertades, democracia, dictadura. Y esto ha convertido al Papa en un líder influyente global. Rivaliza con Putin, Obama o Merkel, sin tener ejército, recursos financieros vastos, ni grandeza territorial.

El papa Francisco es jefe de un Estado --electo por una elite de ciento y tantos Cardenales-- que no devuelve nada monetario o en obras, a los fieles que les dan limosnas. Es soberano de un Estado nada democrático, donde no hay libertad de conciencia, oposición, facciones políticas, salvo en tiempos de cónclaves, sínodos o consistorios. (Acá ni lo religioso escapa a la pequeñez y fragilidad humana).

Cuando un Papa habla, se divulgan sus mensajes en todas las lenguas. Si viaja es recibido por creyentes y jefes de Estado, aunque estos últimos no comulguen con sus ideas; y le son agenciadas prerrogativas y privilegios de seguridad.

En Cuba, un comunista ateo está deseoso de recibirlo porque le cae bien, lo lee, lo admira. En Estados Unidos, Obama, un líder capitalista, cristiano-bautista (visiblemente, más liberal) escribió en la revista Time alabándolo como ejemplo de verdadero pastor; también lo admira y lee. Lo recibirá en el  aeropuerto; lo acogerá en la Casa Blanca, al igual que lo haría con Cameron, Hollande, Merkel.

Seguramente, Castro y Obama oirán las amonestaciones papales. A Castro: la falta de libertades y democracia; a Obama: el aborto, el materialismo estadounidense, la política exterior de Washington, etc. Y esos mensajes se divulgarán sin censura.

¿Por qué sucede así?

El papa Francisco no es conservador, liberal, tampoco socialista. Es un cristiano que vive lo que predica. (¿Hacen esto los políticos?). Pero sobre todo, tiene una habilidad espontánea para sonreír y agradar; o decir lo duro con sutileza. Y hasta ha logrado algo difícil, como propiciar el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y EE.UU. (que debería avergonzar a los diplomáticos occidentales). Y también critica por igual a capitalistas, dictadores y socialistas, sabiendo que lo hace con mucha autoridad.

Suficiente. Francisco es una figura moral. No tiene etiquetas. Y los hombres intachables son escuchados. Saben convencer. Y esa habilidad no es solo cualidad personal. Es una enseñanza de la milenaria escuela vaticana, insuflada de nobles prédicas divinas e imbuida, a la vez, de sagaces prácticas mundanas.

Lo paradójico es que, siendo la política una ciencia-arte amoral, haya un estadista que actúe moralmente. Y Francisco es buen pastor y estadista.

*Máster en Asuntos Públicos e Internacionales.

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