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Cuando en el 2007 se realizara la gran Consulta Nacional para la elaboración del Nuevo Currículo una de las recomendaciones más recurrentes fue la de no descuidar el tema de los valores en la escuela. En ese contexto, en el proceso de seleccionar los nuevos subsistemas cognitivos de los nuevos Programas de Estudio, se decidió hacer un balance entre los conocimientos programáticos según disciplinas, esto es matemáticas, inglés, castellano, etc. y un programa especial dedicado al tema de los valores y que se nombraría Provalores. 

La idea que primó fue que el tema de los valores no podía ser concebido como una asignatura más del currículo, aislada y desarticulada de las diferentes expresiones curriculares, sino que estos debieran ser concebidos como una dimensión del mismo. Los valores debieran ser concebidos como ejes transversales de la vida escolar. En tal sentido, en el proceso de pensar en la estrategia para el abordaje del problema, surgió la idea original de lo que se llamó “familia de valores”. La familia de valores para la educación nicaragüense, se entiende como el conjunto de valores, que se realizan mediante un calendario especial en las escuelas del país. Valores familiares en el mes de mayo. Ambientales en junio. Revolucionarios en julio. Económicos en agosto. Patrióticos en septiembre. Y así, según el mes, cada valor es programado en los TEPCEs aprovechando la ductilidad de las asignaturas de cada grado, siendo reforzado por actividades cocurriculares fuera de las aulas en los actos matutinos o los murales de los pasillos escolares.

A seis años de la puesta en práctica del Provalores y frente a la apuesta axiológica holística y global del Gobierno de la República, que periódicamente promueve campañas culturales para la elevación del buen vivir nicaragüense, este programa curricular, necesita revisión, actualización y transformación, teniendo como referentes las nuevas realidades que se imponen desde el campo de lo político y lo cultural.

Un tema central en este análisis, es el del lugar en la vida social en que se origina el proceso de construcción de los valores en una sociedad históricamente determinada. Ese lugar no es la escuela, la escuela es una de las tantas estaciones en el recorrido de la vida de los seres humanos, que se inicia en el seno familiar y finaliza en el cementerio. Esto dice que el lugar donde se inicia la forja de aquellos comportamientos sociales que una sociedad considera buenos o favorables para su desarrollo es la familia, ese lugar de encuentro cotidiano de padres, madres, hermanos, abuelos, tíos y parientes. En tal sentido, lo que vendrá después para la vida de cada persona, cuando niño o adulto, en el autobús, la esquina del barrio, la escuela, el parque, el lugar de trabajo o el estadio, será la práctica de lo que se aprendió o no se aprendió en la casa, en el hogar, en la familia.

En este orden, el no involucramiento de las familias en las prácticas del Provalores ha sido quizá su principal debilidad. Por ello la propuesta gubernamental de las Consejerías de las Comunidades Educativas, que incluye no solo a educadores y estudiantes, sino que también a padres y madres de familia, vienen a constituirse en un salto cualitativo hacia adelante respecto al Provalores, que le incluye, lo completa, lo perfecciona y lo desarrolla.

La apuesta de las Consejerías es radical y apunta a transformar la vida axiológica en los centros educativos. Para conseguirlo se orienta que desde los Consejos se implementen acciones relacionadas con la construcción de capacidades y la realización de actividades culturales y deportivas, todas relacionadas con la promoción de valores, encaminadas a “la prevención, acompañamiento y atención de actitudes y hechos violentos, agresiones sexuales, posibles adicciones y/o consumo de sustancias lesivas; a promover el respeto y cuido a la Madre Tierra y el embellecimiento de los centros de estudio, promover una cultura de armonía y tranquilidad y el rescate de nuestra cultura y tradiciones, todo encaminado a mejorar el rendimiento académico personal y colectivo”.

Para alcanzar estos propósitos se prevé realizar a partir de este mes de septiembre múltiples actividades como congresos municipales, departamentales y nacional; Identificación de situaciones particulares que requieren de la atención de las Consejerías para detectar, prevenir y acompañar. Identificar buenas prácticas para revisar logros y aprender, y Talleres de Capacitación y Encuentros con padres y madres para promover valores de convivencia familiar.

*Secretario Permanente de la Comisión Nicaragüense de Cooperación con la Unesco.

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