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La vida cotidiana actual es tan dinámica y cambiante que la podemos denominar la era de las mutaciones en los diferentes fenómenos: políticos, educativos, sociales, culturales, religiosos, deportivos y tecnológicos. Nos dejan con más libertad para tomar decisiones, pero todo esto ocasiona confusión, duda e incertidumbre en la sociedad, porque no se sabe qué pasará el día siguiente. Todas estas transformaciones trastocan el quehacer cotidiano, lo que más afecta estos cambios es la comunicación cotidiana.

Con el desarrollo de internet, los celulares de alta definición y la explosión de las redes sociales, las relaciones se presentan de otra forma. Hoy la sociedad está enredada, es decir, conectada, pero también confundida, y cada día se depende más del recurso tecnológico. Sin embargo, hay otros aspectos que hay que considerar: este fenómeno tecnológico también empuja hacia la construcción de un sistema de carácter democrático, el derecho a la expresión, a estar informado, el respeto a los derechos humanos, a la justicia social, a la igualdad de derecho, a la diversidad sexual. No podemos negar que la tecnología ha permitido escuchar y leer más voces con percepciones diferentes. Esto abona al debate público y se convierte en un ejercicio de carácter democrático.

Otro aspecto a destacar es que, hoy más que nunca, no se debe de perder de vista el ámbito financiero. Muchos señalan que las relaciones sociales del momento son de carácter material, producto de la economía. Para algunos, esto ha acabado con la vida cotidiana y, por supuesto, con la ecología de la información y comunicación. Es así que, según Omar Rincón, “hemos llegado a una sociedad donde más que letrada/escritural, habitamos la experiencia de lo oral/visual; una sociedad que pasó de los contenidos y morales hacia los entretenimientos, de las culturas mediáticas de masas a la cultura de conexión y convergencias. Y en el periodismo estamos dejando los medios para pasar a un mundo en el cual el periodista es el medio y el mensaje: seguimos a periodistas más que a medios”.

El fenómeno financiero también llega a los medios como empresas. No son invulnerables y es donde se presenta la gran reflexión, preguntemos: ¿Ha afectado el plano financiero desarrollar un buen periodismo? ¿Muchos periodistas se han convertido en agitadores políticos? ¿La farándula, el sensacionalismo son parte del negocio de las empresas informativas? ¿Predomina la publicidad o los campos pagados sobre la información? El periodismo hoy más que antes está en el ojo del huracán por los cuestionamientos de cómo se hace el trabajo informativo desde los medios y cuál periodista escribe.

La prensa, esa que históricamente ha generado opinión pública, solo le interesa a los académicos, políticos, empresarios y por supuesto al Gobierno. Solo ha quedado a las elites, mientras tanto los sujetos populares habitan la prensa de crónica roja, la televisión, el espectáculo, la radio de música y quienes no entran en estos escenarios están divirtiéndose en internet y en las redes sociales. Es por eso que a la gente de los grandes sectores populares le importa un pepino estar bien informada, porque no le interesa. Estos grandes bloques sociales han decidido irse de la información, pero no de los medios. En este proceso de cambios es donde pierde el periodismo de calidad, pero lo más grave del asunto es que hoy todo se mide por rating, y muchos hasta llegan a creer que cantidad es sinónimo de calidad, al menos en materia de información y comunicación gracias a Dios no es así.

*Consultor y catedrático universitario.

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