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Debates recientes y pasados en diferentes países o sistemas sociales del mundo en materia de salud, parten de la interrogante de considerar la salud como parte de los derechos humanos inalienables o si son simplemente indicadores que definen los niveles de desarrollo de un país, considerando, sin embargo, que mientras más acceso tiene la población a salud es porque vive en un país desarrollado o en vías a serlo.

Tal enfoque está tan lejos de la verdad como otro indicador según el cual, mientras más acceso a telefonía o internet, más desarrollo se tiene como país. ¿Cuántos teléfonos celulares tenemos en Nicaragua? Más de uno por habitante, lo cual no confirma, y más bien niega, tal teoría. El vendedor de agua helada o de periódico en cualquier semáforo porta muchas veces dos aparatos. Obsceno consumismo al cual son sometidos los grupos más marginados, para hacerles creer que viven bien. Desvergonzada manera de hacer riqueza, por parte de quienes les crean tales necesidades.

La salud privada es mejor que la pública. Podría ser cierta parcialmente tal premisa. A fin de cuentas, los indicadores considerados para afirmarlo son basados en indicadores más subjetivos que objetivos. Más de forma que de fondo, que sin embargo merecen credibilidad por la evidencia que demuestran. ¿Pero quiénes son los garantes que tal premisa se acerque a la verdad? ¿Los recursos humanos que la ejecutan? ¿Y en nuestro caso como país, cuando fueron formados la mayoría de tales recursos? ¿Con presupuesto de quién?

A mediados de junio fue inaugurado el hospital más moderno del país y probablemente de la región centroamericana: 476 camas, 76 consultorios especializados, capacidad para atender más de 4,000 consultas diarias… algo que debe revisarse, pues significan 52.6/día/consultorio o 6.5/hora o menos de 10 minutos/consulta por paciente.
¿Cuánta calidad puede garantizarse en menos de 10 minutos/consulta/paciente? Ya no digamos calidez, que es uno de los valores agregados que teóricamente se pretende impregnar a diferencia de los centros médicos puramente comerciales/privados que existen en el país.

Nuestros indicadores de salud son destacados a nivel de organismos internacionales reconocidos, como OMS/OPS, pero en el campo de prevención, educación y fomento de salud; no así en el campo de la atención curativa dirigida a los segmentos de población con menos ingresos y capacidad de pago. Asumir el costo de cirugías, análisis de laboratorio, estudios de imagen radiológica, entre otras necesidades, es un imposible para los grupos de población que carecen de un seguro médico estatal (INSS) o privado (la mayor oferta). De allí la necesidad de fortalecer un sistema nacional de salud que garantice el acceso a salud de calidad y en cantidad suficiente para la mayor parte de la población que no es beneficiaria de ninguno de los subsistemas existentes (INSS, militares, subvencionados). Canadá, Estados Unidos, países europeos y Cuba garantizan planes y programas bajo el control y regulación del Estado, usando recursos humanos, financieros y económicos de los presupuestos nacionales, con sus diferentes niveles de eficiencia y eficacia, guardando las distancias y características propias.

¿Es difícil que Nicaragua pueda optar por un sistema de salud nacional que garantice calidad de vida y años por vivir con dignidad para toda o la mayoría de la población? La realización del nuevo hospital militar demuestra que es posible. Aunque sus grupos beneficiarios sean concentrados (la milicia y sus familiares/ asegurados INSS) la generación de ingresos por servicios privados y de turismo en salud (ventas de servicios a extranjeros) se supone que fortalezca el sistema de salud público, siendo un patrimonio nacional. Lo contrario a los servicios privados, que únicamente enriquecen a quienes hacen un tipo de atención o servicio distinto, con características ya conocidas por todos y que no vale la pena mencionar.

La oportunidad de demostrar que la administración pública es eficiente, eficaz, equitativa, justa y transparente se presenta ahora con este nuevo hospital estatal, nacional y público. Hay que aprovecharla.

*Médico.

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