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Andrés Oppenheimer entrevistó al economista venezolano Ricardo Hausmann. Este argumenta que Carlos Marx se había equivocado al acuñar el término “explotados”. Y que, en realidad era más preciso decir: “excluidos”.

¿Y ahora la jerga económica no hablará de explotadores y explotados sino de excluyentes y excluidos?

Además se discutía si el Papa era crítico al capitalismo o anticapitalista. Todos coincidieron en señalar que Francisco es solo crítico.

A ello debo agregar que esa crítica del sistema conlleva dos aclaraciones: 1) La Iglesia católica tiene su propia doctrina social; ella hace señalamientos para el mejoramiento de la civilización humana. No por ello se le debe maridar a tal o cual ideología. Tampoco da recetas económicas. 2) Si alguien señalara que las cárceles deben humanizarse, ¿Por qué ello conllevaría a asumir que estamos en contra de que la justicia utilice la encarcelación como medida correctiva para los delincuentes?  

Señalar una parte como incorrecta, no induce a juzgar el todo como abominable.

Y son los hambrientos, los ancianos, los refugiados, los exiliados y los perseguidos políticos los que sí encuentran la más humana acogida en los países capitalistas. Esta es una verdad que no necesita demostraciones.

Ya no digamos que en los países libres y democráticos los neo-socialistas o paleo-marxistas pueden alzar sus voces, con total protección de las leyes democráticas, a las que después atacarán cuando alcancen el poder, para escribir sus libros o arengar a sus compatriotas y hacer sus “revoluciones dictatoriales”, que finalizan oprimiendo a los liberados.

Además, si el economista Hausmann reconoce que el capitalismo crea --en condiciones laborales de baja productividad-- la exclusión social, sostengo que hay mucha más exclusión en regímenes socialistas. Ahí descartan y aíslan a la productiva y creativa clase media, a la que ahogan laboralmente. Ejemplo: Cuba tiene 11 millones de habitantes. Pero solo 3.5 millones son del partido comunista (iguales proporciones hay en Rusia y Venezuela). Ahí, los no-afines al régimen, se las juegan como pueden. No tienen las mismas oportunidades  educativas o universitarias.

¿En qué se convierten? En ciudadanos excluidos. Siendo así, ahora entendemos por qué los regímenes socialistas, primero propician sistemas ahoga-empresarios (y “espanta-capitales”, como dice Oppenheimer).

¿Por qué no se ha denunciado la exclusión económica a la que se somete a opositores y disidentes en Rusia, Venezuela, Corea del Norte?  

El capitalismo es un sistema vilipendiado. Pero cuando el “paraíso marxista-leninista” se derrumbó en Rusia, ¿por qué los líderes fracasados recurrieron inmediatamente al capitalismo para buscar ayudas, recetas y préstamos bancarios para salir a flote?

El capitalismo no es perfecto. Pero es lo más permisible y facilitador para crear riqueza (¡eficaz receta para destruir la pobreza!), y corregir errores, porque está siempre al amparo de la libertad.

La opción socialista sí merece calificativos degradantes y peyorativos. ¿Cómo se pueden jactar de vender dignidad y ser igualitarios? La dignidad no borra pobrezas. Ni repartir miseria hace justicia.  

El sistema capitalista es el único que ha sacado del atraso y la pobreza a países como Taiwán, Corea del Sur, Chile, España, Irlanda. ¿Qué país, exitoso hoy, no lo ha hecho abriéndose al mercado, estimulado a la empresa privada y la inversión extranjera?

Nunca, durante la guerra fría, la Unión Soviética o China, plantearon un modelo económico exitoso a seguir. Y si hoy estos se han desarrollado, es gracias a reformas capitalistas.

¿Por qué las grandes empresas industriales o tecnológicas con mayor prestigio, reconocimiento, calidad, salen de países capitalistas?

El capitalismo ha creado exclusiones. Es cierto. Porque no todos los gobiernos propician políticas sociales que protejan a los más débiles. Y ello no convierte al sistema en perverso o inservible. Si habiendo quienes lo practican, triunfan --aunque sean una minoría--, los que fracasan no se justifican.

Es en los países socialistas donde hay más pobres. Ahí la exclusión es ideológica-económica. Para sobrevivir, muchas conciencias se someten a la dictadura. Y es poco probable el perdón político.

Después de todo, el capitalismo, aunque criticado es el único que propicia las libertades: todos tienen opciones, grandes o pequeñas. ¿Pero cuántos pueden huir de Corea del Norte? Las probabilidades de éxito son mínimas bajo las dictaduras… en todo.

Si hay egoísmo, mezquindad o falta de solidaridad, es un asunto más humano que de fallas sistémicas.

Los regímenes socialistas son carcelarios, violentos, hostiles, intolerantes.

Si un hombre quiere hacer dinero, no necesariamente tiene que excluir a otros; pero si un político quiere instaurar un régimen socialista, está consciente que debe someterlos a todos. Ahí estriba, a priori, la gran diferencia ética.

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