•  |
  •  |
  • Edición Impresa

Fui a Cuba a ver y escuchar al papa Francisco con amor, admiración y devoción cristiana. Él habla y actúa casi igual como lo haría el mismo Jesucristo. El Papa llegó a un país que vive una dura pobreza producto del fracaso del sistema comunista y también producto del inhumano e ilegal bloqueo de EE.UU., que ya Juan Pablo II clamó que se levantara y que Francisco demanda como un acto de justicia, humanidad y reconciliación. Obama y el 80% de estadounidenses quieren levantarlo, pero la derecha recalcitrante de los republicanos y de los cubanos de Miami se oponen absurdamente. En cuba sobrellevan su pobreza sin complejos, con dignidad, con solidaridad, y mostrándose orgullosos por sus innegables logros --¡envidiables!-- en salud, educación, cultura y deporte. Hay conciencia de que el sistema económico cubano fracasó (no es receta para nadie, dijo Fidel recientemente) y hoy se dan lentos cambios que ojalá continúen y se profundicen.

Encontré una Habana más bonita que hace años, con su centro histórico restaurado, con varios hoteles del Estado operando con franquicia de prestigiosas cadenas europeas como Barceló o Meliá. Mucho turismo todo el tiempo. Hay nuevos pequeños negocios privados, como el bonito restaurante donde almorcé un platillo delicioso y abundante. Como acostumbro, platiqué con la gente de la calle y me encontré con que en Cuba se rumora que Raúl se retirará en el 2017 terminando la era de los Castro, a quienes la mayoría venera. También me contaron cómo las relaciones entre el Gobierno y la Iglesia han cambiado positivamente desde el 2002, cuando llegó Juan Pablo II. Un ejemplo es el testimonio ante el Papa de una monjita cuya congregación trabaja con el gobierno en un centro para discapacitados mentales.

El recibimiento del Papa Francisco fue apoteósico, ordenado y coordinado armoniosamente por el Gobierno y la Iglesia. Fueron millones quienes recibieron al Papa en el aeropuerto, en sus recorridos en el papamóvil, en las misas, en el encuentro con los jóvenes, etc. De ellos, la mayoría --jóvenes y adultos-- eran ateos y del Partido Comunista (naturalmente no-creyentes después de tres generaciones de ateísmo oficial). Pero allí estaban, codo con codo fraternizando con la minoría católica, con profundo respeto. El Papa obviamente lo sabía y saludaba con paternal afecto “a creyentes y no-creyentes”. Muchísimos no-creyentes trataban de seguir la misa con el folletito que se repartió, cantaban y decían las oraciones, y nos preguntaban con interés el significado de cada cosa. La mayoría vivió su primera “experiencia religiosa”. Hubo curiosidad y también semillas de conversión. La TV y radio cubanas trasmitieron todo.

Todos los cubanos quieren y admiran al Papa. Todos estaban de acuerdo con lo que Francisco dijo: “Tenemos diferencias pero también grandes coincidencias, y podemos trabajar juntos en el amor al prójimo, la solidaridad y el engrandecimiento de la patria”. El Papa usó la palabra “comunistas” al contar como ejemplo que jóvenes católicos, judíos y comunistas trabajaron juntos en Argentina construyendo el Salón Comunitario de una parroquia. Invitó a los jóvenes cubanos a confraternizar así, a realizar diferentes proyectos juntos. Y los jóvenes creyentes y no creyentes lo aplaudieron igualmente entusiasmados.

Fue notorio que entre Francisco y Raúl Castro hay un afecto realmente sincero, de verdadera amistad. Y el gesto del Papa al visitar --fuera de programa-- a Fidel, confirmó las palabras que dijo al llegar, de que tiene por él respeto y afecto, lo que es correspondido, indudablemente. El Papa en Cuba confirmó el camino necesario para todos los pueblos: amor, perdón, respeto, diálogo y reconciliación.

*Abogado, periodista y escritor.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus