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A principios de septiembre, la imagen del niño sirio Aylan Kurdi se hizo famosa. Sin pedir permisos traspasó fronteras y mallas, las tecnologías fueron colaboradoras globalizadas que mostraron un aspecto de lo que ocurre lejos de América. Los caricaturistas, por su parte, enaltecieron al niño a través de sus pinceles, como los mismos que el niño pudo haber usado al dibujar el mar o un barquito de papel. En ese escenario, tras las fronteras políticas de naciones del Medio Oriente, la indecisión de actuar, justificada o no, es parte del diario político.

Respecto a la migración notable, hablar de cifras, cantidades exactas está de más, puesto que los enfrentamientos en estos países son constantes. La publicidad mediática ha permitido ver los métodos de torturas más crueles impuestos por el Estado Islámico y otros grupos fanáticos que pretenden imponer sus propias creencias partidarios o religiosos.

Una guerra civil, un contexto que no está muy lejos de la experiencia que vivimos en Nicaragua hace algunos años, cierto que con algunas diferencias sobre todo culturales. El ataque aéreo, los choques entre fuerzas “armadas” y otros males obligaron a millares de personas desplazarse por las fronteras de muchos países. Lo hizo la población nicaragüense en los años 70 y 80 hacia diversos destinos.

Actualmente, países como Alemania, Francia y España son los destinos solicitados para asentarse unos 120,000 asilados que están de “paso” por otros países de la región. Hasta el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, tal cual se repartió el pan según el cristianismo, así solicitó repartirse 160,000 desplazados.

¿Esa avalancha humana, que pudo derribar muros y traspasar barreras, podrá ser capaz de acomodarse más allá de su geografía? ¿Por qué no es posible que los problemas se solucionen a lo interno? Quizás sí. Al parecer se enfrentan entre radicales. ISIS pretende imponer sus creencias a la fuerza, a donde llegan destruyen y acabaron con el patrimonio cultural, un atentado en contra de la historia y las propias costumbres. Es un fanatismo con el fin de provocar terror. Podría ser revolución sin causa.

En el viejo continente no se descarta la infiltración de células terroristas dormidas, que vuelvan más vulnerables los países europeos, que se jactan de su seguridad. Y, sin darnos cuenta, de poco a acá convivimos cerca de un califato y con gobiernos amenazados que podrían alegar no hacer bien su trabajo.

Los naufragios y rescates en el Mediterráneo ponen a prueba la solidaridad de Europa y los recibimientos efusivos que se les dio a grandes cantidades de desplazados durante los primeros días. ¿Y será posible que haya empleo para tanta gente? ¿Cuántos caminan hacia Estados Unidos de América?

Recibir desplazados es un gesto de solidaridad, incluso reciprocidad en Europa, pero también una carga estatal. Tampoco es obligatorio facilitar toditas las condiciones, cuando en estos países los índices de pobreza son altos. Por ejemplo, en Uruguay, algunos no quieren quedarse, quizá no se adaptan a una cultura globalizada y abierta que no enchufa con sus costumbres de consideración perfecta y teológicamente como los elegidos.

*Periodista.

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