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Esta pregunta me la hago a raíz de unas declaraciones del presidente del Banco de Desarrollo de América Latina, el boliviano Enrique García, durante un programa de opinión de la televisión colombiana en el cual, después de analizar la ralentización de la economía de China Continental y sus efectos sobre las economías de varios países latinoamericanos con los que tiene un abultado intercambio comercial, dijo que China “había sido una bendición en parte, pero no” porque estos países, como Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Perú y Venezuela , entre otros, seguían apostando a la venta de materias primas como el petróleo, cobre, hierro, acero, aluminio, harina de pescado, azúcar, soja, café, cueros, carnes bovinas y ovinas congeladas, entre varias otras decenas de productos.

Tras casi 15 años de crecimiento sostenido, con cuatro años consecutivos de más de dos dígitos, entre un 12 y un 15% anual, China está en plena desaceleración económica. Sin embargo, economistas afirman que el gigante asiático transitará sin traumas hacia un equilibrio más moderado.

Las proyecciones de este año es que tendrá una tasa de crecimiento de 7.3% (cualquier otro país en el mundo envidiará esta cifra) y para el próximo año las estimaciones indican que será un poco inferior al 6.9%.

La situación económica de China tiene repercusiones directas en América Latina, así como en otras economías desarrolladas. Un ejemplo que no requiere mayor explicación nos lo trae “El Mostrador”, el primer diario digital de Chile, con un titular que clamaba ayuda: “Chile necesita más que nunca que China le compre cobre”. El diario dice: “Es motivo de preocupación que la economía más rica de América Latina, que ha pasado los últimos 30 años tratando de diversificarse, por el contrario, su dependencia de un mercado único y una sola materia prima se ha vuelto más pronunciada, dado que los precios del cobre siguen cayendo y la turbulencia económica de China enturbia el mercado mundial”.

En ese sentido, el presidente de la entidad bancaria opinó que China no debe pensar solamente en los recursos naturales de América Latina, y ésta a su vez también debe apostar por la diversificación de sus exportaciones, pero antes debe forjar una integración regional para crear ese espacio competitivo que le permita una mejor inserción en los mercados internacionales. A principios de septiembre, el primer ministro chino, Li Kequiang, intentó enviar un mensaje de tranquilidad al mundo sobre la capacidad de la segunda economía mundial al asegurar que la economía china “va en buena dirección”, tras descartar un “aterrizaje brusco”, o mejor dicho, una estrepitosa caída. Razonó su mensaje explicando que mientras haya empleo suficiente y un aumento constante de los ingresos de la población y un mejor ambiente “el crecimiento más rápido o más lento es aceptable”.

Así, China prepara una reestructuración del gigantesco sector de las empresas públicas con un plan de privatización parcial que emplea a 30 millones de personas y acumula activos por unos 17 billones de dólares. Uno de los objetivos que persigue este plan es permitir la propiedad mixta de estas compañías para facilitar que se conviertan en entidades competitivas, dijo Zhang Xiwu, vicepresidente de la Comisión para la Supervisión de Activos Estatales.

En este contexto, el Presidente chino Xi Jinping visitó hace poco Estados Unidos para conversar con su homólogo Barack Obama sobre ciberseguridad, intercambio comercial, las construcciones chinas en atolones y arrecifes que China se disputa con otros países en la zona, la situación de Oriente Medio así como el asunto del estado de las relaciones entre China y Taiwán.

En las circunstancias actuales por las que atraviesa China, las miradas apuntan también hacia su principal socio comercial, Taiwán, que a raíz de la firma del Acuerdo Marco de Cooperación Económica (ECFA) en 2010, casi ha duplicado el intercambio comercial entre ambas naciones. Por ejemplo, ya en esa fecha de la firma del acuerdo las transacciones de compraventa ascendían a 110 mil millones de dólares, el año pasado rondó los 200 mil millones de dólares. Ese mercado es indispensable para China junto al de EE.UU., cuyo negocio supera los 530 mil millones de dólares.

*Periodista nicaragüense.

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