Jaime Rodríguez-Arana *
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

La historia de la humanidad, preñada de luces y sombras, conformada por avances y retrocesos, demuestra, también en el presente, que la dignidad humana con frecuencia es objeto de dominio por los poderosos de este mundo. La esclavitud en todas sus formas, groseras y sutiles, las torturas, y toda clase de discriminaciones y vejaciones han jalonado muchos períodos de la vida del ser humano en diferentes latitudes y en distintas épocas.

En el tiempo en que vivimos, no hay más que abrir un periódico o ver un telediario para comprobar hasta qué punto, a pesar de encontrarnos en 2015, se golpea y se agrede todavía la dignidad de tantos y tantos seres humanos, en tantos lugares del globo.

En efecto, a pesar de estar en el siglo XXI y de que existen muchas normas jurídicas internacionales y nacionales que prohíben los tratos inhumanos o degradantes para las personas, es una vergonzosa realidad certificar que convivimos con expresiones, más o menos expresas, de lesión y laminación de la dignidad del ser humano. Racismo, xenofobia, trata de personas, asesinatos de periodistas, explotación laboral de niñas y niños, condiciones laborales vejatorias, ablación de clítoris a las mujeres, eliminación de seres humanos a quienes por la enfermedad no se juzgan útiles o a quienes sencillamente no se deja llegar a ser, constituyen, entre otras, manifestaciones de una lucha que en los últimos tiempos, a pesar de las innovaciones científicas y del desarrollo tecnológico, es cada vez más necesaria.

El imperio del mercado, sin límites ni controles, llega incluso a dar por bueno, en algunas latitudes, que se comercie con las personas. Se autorizan transacciones que tienen como objeto contractual --quién lo podría pensar-- a las personas. Ahora, en España, a pesar de que la maternidad subrogada está prohibida por la ley, se acaba de anunciar, en el colmo de la erosión a la dignidad humana, la compraventa de los llamados vientres de alquiler. Es decir, se pretende reconocer en este país los efectos del tráfico mercantil en relación con la mujer y su cuerpo y el niño por nacer o ya nacido.

Cuándo se lesiona de tal forma la dignidad humana, saltándose a la torera las más elementales reglas de la ética, es momento de levantar la voz y reclamar de nuevo que se proteja la dignidad humana y que los contratos versen sobre cosas y no sobre personas, pues tal práctica nos retrotrae a momentos de la historia en los cuales la esclavitud se toleraba y las tratas de seres humanos campaban a sus anchas. En aquellos siniestros y tenebrosos tiempos la dignidad del ser humano brillaba por su ausencia, pues al ser humano se le consideraba como una cosa, como un objeto, y por tanto, materia de transacción, materia de contratación. Hoy, parece mentira, de nuevo hay que proclamar a los cuatro vientos que las personas tienen derechos inherentes a su condición de ser humano, que son innegociables, indisponibles.

Ahora, en el siglo XXI, en el marco de una crisis general que golpea a los más necesitados, de nuevo los fuertes pretenden obtener pingües beneficios. También con la maternidad subrogada. Una nueva forma de explotación que lleva a mujeres con dificultades económicas en el llamado tercer mundo a alquilar su cuerpo y vender al hijo a personas con recursos de los países desarrollados.

Legitimar tales prácticas, así como las diferentes formas de esclavitud, más o menos sutiles de este tiempo, no debe pasar inadvertido.
La dignidad de la persona y de las condiciones de vida es, hoy, quien lo podría imaginar, una asignatura pendiente en la que queda mucho trabajo por hacer y muchas denuncias que plantear.

Es más, cada vez es más urgente recordar que la dignidad humana no es solo un principio ético y moral, el más importante de todos.

También es el centro de la construcción del Derecho, pues tal dignidad es de tal calibre y relieve jurídico que se yergue omnipotente y todopoderosa frente a cualquier intento del poder político o financiero por laminarla, por pisotearla o por lesionarla. Por eso, por ejemplo, el Derecho Administrativo es el Derecho del poder público para la libertad solidaria de los seres humanos. Nada más y nada menos.

*Catedrático de Derecho Administrativo.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus