Galo Muñoz Arce
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Allá por el año 1979, entusiasmado por la actitud revolucionaria de la juventud e impulsado por los móviles de sangre ardiente y soñadora, llegué a la ciudad de México en calidad de exiliado político, en donde conocí a Dámaso Picado, oriundo de la ciudad de Estelí, de profesión zapatero y sindicalista que se integró muy temprano al Frente Sandinista y debido a sus dificultades físicas, tuvo que buscar el exilio en el país azteca.

Don Dámaso, con quien estreché una gran amistad, al enterarse de mi compromiso con la gesta insurreccional que libraba el heroico pueblo nicaragüense, me refirió a Jaime Zamora, relevante escritor y periodista esteliano cuya labor intelectual, eficiente y caudalosa, valiente y tesonera, contribuyó con su granito de arena a la liberación de la tres veces heroica ciudad de Estelí.

Jaime, un personaje muy popular en el mundo esteliano, fue el primer amigo que conocí al poner los pies en la patria de Sandino, la persona que me abrió las puertas de la solidaridad, luego de compartir sus sabias enseñanzas y experiencias sobre el papel del periodismo militante, al calor del proceso insurreccional que culminó con la caída del tirano Anastasio Somoza.

Sin duda los primeros años de la Revolución, no obstante las dificultades económicas, fueron los momentos más importantes de mi vida y los más hermosos. Fui testigo de cómo el pueblo empezó a recuperar la palabra tras décadas de obligado silencio impuesto por la dictadura. Y no solo recuperó la palabra, sino que se organizó y aprendió a exigir el respeto a sus derechos fundamentales.

Por orientaciones de la presidenta de la Unión Nacional de Periodistas, Lily Soto Vázquez, quien firmó un convenio de cooperación con la Unión de Periodistas del Ecuador, me trasladé a Estelí en el mes de abril de 1983, para apoyar el trabajo periodístico de Radio Liberación, que carecía de recursos humanos para desarrollar una programación acorde con las necesidades comunicacionales de la población urbana y rural.

En lo personal, sentí una enorme satisfacción por apoyar este proceso de comunicación de doble vía y fue precisamente Jaime Zamora, director de Radio Liberación, quien me dio la bienvenida y me presentó al personal de trabajadores entre ellos: Nadir Ismael, Martha Marina González, Róger Trujillo, entre otros, con quienes inicié un trabajo de capacitación y elaboración de programas radiales, en sus diferentes formatos y técnicas periodísticas.

A través de Jaime Zamora conocí a los hermanos Gámez Montenegro, notables artistas, promotores de cultura y eruditos conocedores del drama y paradoja de la región segoviana. 

Penetrando en el mundo interior de Jaime Zamora, hermano y amigo que en los actuales momentos se encuentra librando una gran batalla entre la vida y la muerte, soy claro al afirmar que su esfuerzo inspirado en los más altos cánones de la ética periodística, ha servido para orientar la opinión pública.

Su esmerada labor, en medio de zarzales y rosas con espinas, entre el relámpago y el trueno, entre la borrasca y el torbellino, solamente el amor concebido con profundidad de sentimiento nativo pudo dejar el reguero de luz en las conciencias. Para el amor no hay camino sin término y viaje sin motivo.

Jaime Zamora Espinal, es la esencia notable de un soñador sencillo y tranquilo, de un sembrador sin fatigas en el surco que día a día tuvo dilatación en la magnitud del sueño, surco de las almas que nunca pierden la concepción de la gratitud, allá en el numen de la tierra esteliana que sabe de pundonor y energía para enfrenar las adversidades.

Todos le conocemos, hombre cordial, afectuoso y respetable. Sus sacrificios son sus luchas, su obra cultural, su desenvolvimiento quizá ha sido reconocido por todos. Tu consagración a las causas buenas, tu faena incansable ya te han colocado en el sitial que bien te mereces. Tu nombre tiene que figurar en la galería de los hijos sobresalientes de Estelí.

Desde Cuenca Ecuador ¡Hasta siempre, hermano, amigo y compañero de caminos y añoranzas!

*Periodista ecuatoriano.

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