•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Como el poeta afroamericano Langston Hughes, entre otros muchos autobiógrafos, Norberto Herrera Zúniga retoma sus memorias ofreciendo otro volumen, complementario del que editó en 2010: Vale la pena vivir, título inspirado en el del obispo estadounidense Fulton John Sheen.

Ahora el rector-fundador de la Upoli, prestigiosa institución de nuestra enseñanza superior, amplía su afán escritural y el ejercicio de su pensamiento. Un afán y un ejercicio que soy el primero en aplaudir y reconocer, porque sin el testimonio personal, sin el recuento de su existencia, el hombre permanece incompleto.

De ahí que Herrera Zúniga haya decidido aumentar Vale la pena vivir. Una ficción, sustentada documentalmente, la inicia: el conversatorio entre cuatro personajes que le son afectos. A saber: Zela (José Santos Zelaya, autócrata modernizador y líder de la reforma a liberal a finales del siglo XIX y principios del XX), Zele (Benjamín F. Zeledón, héroe y mártir de la soberanía nacional en 1912), Zuca (Alejandro Zúniga Castillo, civilista, promotor deportivo y fundador del PLI) y Zuco (Camilo Zúniga Córdoba, médico, cafetalero, zelayista y abuelo del autor). Los cuatro, convocados y recreados por Norberto, exponen sintéticamente sus actuaciones históricas, logros profesionales y pasiones políticas.

Prosigue Herrera Zúniga esa segunda parte de Vale la pena vivir con otra síntesis: una breve y actualizada historia de la Upoli, establecida por la Convención Bautista de Nicaragua en 1967, que completa con un plan estratégico de fortalecimiento proyectado hasta el año 2020. Todo un documento fiel a la identidad religiosa, académica y comunitaria de la Upoli, conducida acertadamente por su actual rectora Lidya Ruth Zamora, PhD. Ella ha innovado la Upoli para conservar su calidad frente a la competencia de 47 universidades existentes en Nicaragua, y seguir creciendo pese a las severas limitaciones económicas.

Una selección de artículos, al igual que su volumen anterior, ilustran las reflexiones de Norberto, quien se presenta de nuevo exponiendo la Biblia como guía de fe y vida, sus aficiones musicales y beisboleras, sus viajes por Estados Unidos, Europa y Asia; la necesidad de la investigación en las universidades y sus convicciones cristianas. Pero ahora opina --con la autoridad que le otorgan su formación y experiencia-- sobre otros temas: la Gran Explosión (Big Bang), y la glosolalia o don de lenguas, la amenaza mundial de los islamistas escatológicos y la avasalladora en California y tres países centroamericanos de las maras delincuenciales, la genial creatividad de Steve Jobs --el de Apple--, el aparataje cibernético y tecnológico que limita o impide el pensar, los impresionantes avances de las ciencias en las últimas décadas y la inteligencia del corazón humano, la valoración aun vigente del decálogo de Abraham Lincoln y el derecho del mar en el diferendo fronterizo de Nicaragua y Colombia, por citar algunos.

El decálogo de Lincoln --que contiene valores de antaño a los cuales Herrera Zúniga retorna-- merece citarse: 1. Usted no puede crear prosperidad desalentando la iniciativa propia. 2. Usted no puede fortalecer al débil, debilitando al fuerte. 3. Usted no puede ayudar a los pequeños, aplastando a los grandes. 4. Usted no puede ayudar al pobre, destruyendo al rico. 5. Usted no puede elevar al asalariado, presionando a quien paga el salario. 6. Usted no puede resolver sus problemas mientras gaste más de lo que gana. 7. Usted no puede promover la fraternidad humana, admitiendo e incitando el odio de clases. 8. Usted no puede garantizar una adecuada seguridad con dinero prestado. 9. Usted no puede formar el carácter y el valor del hombre prescindiendo de su independencia. 10. Usted no puede ayudar a los hombres realizando por ellos permanentemente lo que ellos deben hacer por sí mismos.

En esos artículos, todos interesantes, Norberto no olvida a personalidades que han marcado su vida, ni a colaboradores (como Horacio Peña, cuyo “Canto para poner a Dios de moda”, no ha pasado de moda). Norberto se remonta otra vez a sus raíces, al barrio capitalino de Los Ángeles; y a su entorno familiar. Además, como también la primera parte de Vale la pena vivir, reproduce cartas de entrañable valor.

He aquí, no una nueva obra sino una continuación necesaria de su tarea ya emprendida: prescindir del olvido, las lagunas y ausencias; una tarea en la que su autor, Norberto Herrera Zúniga, realiza una función esencial: terminar de reconquistarse a sí mismo, de reconstruirse verbalmente; en fin, de reconstituirse.

*Escritor e historiador.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus