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Es una provincia de Cuba y un modo de vida en EE.UU. La última aconteció el jueves pasado, en Oregón. Un joven de 26 años entró al campus de una universidad y disparó.

Fueron nueve muertos, diez con el asesino. Según la agencia Mass Shooting Tracker (algo así como rastreador de disparos masivos) sucede, en EE.UU., una matanza diaria, dejando 375 muertos y 1,086 heridos. Cifras de 2015.

Desde que Barack Obama asumió la presidencia ha comparecido en quince ocasiones para denunciar matanzas. Desde 2012, hay contabilizados 994 tiroteos masivos.

Recuentos del Gun Violence Archive contabilizan 9,964 personas muertas por armas de fuego y 20,282 heridas en 2015. En Irak, entre 2003 y 2015, han muerto 4,813 soldados.

En EE.UU. hay, casi, más armas en manos privadas que ciudadanos tiene el país. El asesino de Oregón poseía, legalmente, 14 armas, de las que utilizó seis en la matanza.

EE.UU. asume la violencia como daño colateral al derecho a la “defensa individual”. Se venden balas como yogures; se poseen armas como quien colecciona sellos o botellas.

Todos los intentos por limitar la venta de armas han enfrentado un rechazo mayoritario. La cultura de la muerte prevalece sobre la vida.

Aunque sea la propia o la del vecino.

Así van, invadiendo países, masacrando poblaciones, bombardeando poblados…

Para ellos es parte del paisaje. Su paisaje. Así lo refleja su cine. Halloween, Scream, Elm Street… Freddy Krueger existe. Con cuchillas o sin ellas, existe.

*Experto en Derecho Internacional y Relaciones Internacionales.

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