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En su reciente discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el presidente ruso Vladimir Putin dijo: “Deberíamos reconocer que nadie, excepto Al-Assad y sus milicias están realmente peleando contra ISIS en Siria”.

Y es que al aliado de Moscú en el medio Oriente, Putin nos lo quiere presentar como un hombre comprometido con una tarea valiente, noble, que toda la humanidad comparte.

¿Cómo se puede creer que el mandatario sirio esté haciendo algún bien por la humanidad?

¿Acaso no han visto cómo huyen miles de refugiados sirios, por las atrocidades cometidas ahí por la tozudez del señor Al-Assad de no dejar el poder? ¿Por qué tener un aliado que desacredita la política exterior rusa?

Hay un insuperable cinismo y desvergüenza en la aseveración de Putin. Además, el mandatario ruso agregó: “Nadie de afuera debe intervenir en la crisis siria. Hay que dejar que los sirios resuelvan este problema”.

¡Qué desfachatez! Rusia está suministrando armas, logística, inteligencia y soldados al inhumano régimen sirio. Y recién, Moscú ha bombardeado a los rebeldes patriotas en Homs --aduciendo que es a ISIS--. ¿Qué sucedería si bombardea, por contingencia, territorios de otros países?

El Medio Oriente nunca atenuó la intensidad de sus conflictos. El poder mundial hoy gravita en Asia. Este escenario ya involucra a una Rusia --potencia nuclear-- ávida de victorias y mejor estatus.

Mientras China crece haciendo dinero; los rusos, hacen la guerra. Ese modelo militar arrogante no ganará simpatizantes; es torpe y desfasado.

Ahora que se le está dando corazón al asunto de los refugiados, ¿surge Moscú con una propuesta de fuerza y arrebatos? ¿Está retando a la cautelosa política de Obama?

¿Por qué dejar que la guerra destroce al atormentado pueblo sirio?

Claro está, un país en manos de un militar no puede ofrecer mucho. El oficio de gobernar requiere una vocación cívica y clarividente.

Sí debe comenzar un proceso de negociación político-diplomática en Siria. Este debe propiciar: un plan de paz; un cese al fuego inmediato; crear zonas para auxiliar a civiles, desplazados y heridos; sentar las bases para una transición hacia la democracia.

¿Debe permanecer Al-Assad?

No; desde mi óptica.

El presidente francés, François Hollande, dijo: “Assad es el origen del problema, por tanto, no puede ser la solución”. 

Al-Assad ha permitido, por su voracidad al poder, que la muerte y el dolor imperen, destruyendo al pueblo sirio.

Pero no puede dejarse por fuera a aquellos sirios que, habiendo trabajado con el régimen de Al-Assad, tengan las manos limpias. La integralidad de la nación siria debe ser un objetivo inteligente. Si no, recurriríamos a más guerra y la partición del Estado en dos. Como en Sudán, Coreas, etc. 

Además, hay tantos actores dispersos con intereses encontrados, reclamando derechos y posesiones para sí.

“Hacer la guerra es fácil. Lo más difícil será construir la paz”; dijo una vez el canciller francés Dominique de Villepin. 

Obviamente, Moscú debe ser convincente (¡viéndole como hiperpotencia!). Reconoce que su protegido no goza del respaldo occidental --la fuerza moral del mundo; porque nadie en el Asia ha propuesto todavía las nuevas premisas éticas de las relaciones internacionales del siglo XXI--. 

Moscú no solo quisiera preservar a Siria como aliada, sino salir airosa. Es lógico que busquen una revalidación de su orgullo nacionalista, al igual que lo hicieran Francia, luego de 1871; Alemania, a partir de 1918; o Japón, después de 1945.

¿Pero la estrategia putinesca solo busca aliarse con dictadores crueles?

En este sentido, creo que Washington aprendió algo de la lección. Hoy día patrocinan la democracia, el libre comercio y las libertades ciudadanas. Ese mantra vende, aunque no convenza globalmente.

Rusia no debe solo desear recuperar sus “territorios perdidos”. Es un objetivo desprovisto de idealismo. Y aunque su reclamo fuere justo, modernamente, la fuerza no otorga botines de guerra. Es una pantagruélica actitud imperial.

¿Cómo pueden convencernos los estrategas moscovitas de que sus intereses albergan un ideal compartido por la humanidad?

Hasta el momento Putin, con algunos puntos comprensibles --como creer que debe prevalecer el multilateralismo, o que no se fuerce la exportación de la revolución democrática-- todavía no suma aliados más allá de sus narices. ¿Será por el deslustroso carácter eslavo?

Moscú no puede desarrollar sus estrategias sin subyacentes valores o ideales. De otra manera, se engaña a sí, creyendo que la humanidad es ignorante, miope o ingenua.

Rusia está muy involucrada en Siria. ¡Hiperpeligroso!

Falta un código de valores del Kremlin para vender mejor a esa potencia resurgente.

Al-Assad es un deplorable riesgo; pésimo aliado.


*Máster en Asuntos Públicos e Internacionales.

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