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La ahora exembajadora de Estados Unidos en Nicaragua, señora Phyllis Powers, durante su discurso de despedida ofrecido en un evento organizado por la Cámara Americana de Comercio (AmCham), afirmó con aplomo que su gobierno invirtió en los últimos cinco años más de 40 millones de dólares para impulsar programas relacionados con democracia y gobernabilidad.

Cito textualmente sus palabras: “Miles de jóvenes líderes han participado en estos programas y recibido capacitaciones y mentorías que han permitido mejorar la habilidad de las organizaciones de la sociedad civil y los partidos políticos de trabajar para lograr una Nicaragua más abierta y democrática”, expresó la diplomática estadounidense.

Sus palabras me llamaron la atención por la naturaleza política en que Estados Unidos destina gran parte de la ayuda. Es obvio que la exembajadora se refería al financiamiento a los Organismos No Gubernamentales para realizar seminarios con partidos políticos y organizar viajes al interior y exterior para capacitar “líderes “ locales que ocupen en un corto y mediano plazo los espacios vacíos que ha dejado la oposición política en Nicaragua.

¿Y qué significa esto? Que el gobierno de los Estados Unidos ha mantenido durante estos cinco años, los salarios de un grupo de profesionales y políticos desempleados que se han atrincherado en algunos Organismos No Gubernamentales, con el dizque objetivo de fortalecer la “democracia” en nuestro país, cuando realmente lo que hacen es fabricar una oposición ficticia que es cara.

Solo el hecho de pensar en que el gobierno de los Estados Unidos echa en saco roto una parte del dinero de los impuestos de sus ciudadanos, para beneficiar a un sector minoritario que no genera riqueza, me causa un poco de tristeza. Sé que el gobierno de los Estados Unidos destina cierto dinero en la promoción de algunos programas de corte popular. Pero no es suficiente.

Pienso que ese dinero podría servir para reforzar la política social del Gobierno de Nicaragua y aliviar la necesidad de esas grandes mayorías que necesitan paliar su pobreza mientras se desarrolla nuestra economía y se generan más empleos.

¿Se imagina cuánto podría hacer el Gobierno del Presidente Daniel Ortega si este dinero fuera destinado para incrementar el número de familias beneficiadas por el Plan Techo y Usura Cero? Habría más viviendas para los miles de damnificados, cuyas casitas sucumben en las lluvias, y más empleos informales para las miles de familias indigentes que necesitan sobrevivir.

Con una pequeña inyección económica que el gobierno de Estados Unidos destinara para invertir en la promoción de los programas sociales que apuntala el Gobierno, muchos nicaragüenses que aún viven en la extrema pobreza podrían ser beneficiados con más Casas para el Pueblo y más proyectos de electrificación y agua potable en las zonas más recónditas del país.

Sin embargo, desgraciadamente, la ayuda estadounidense no está enfocada en los programas sociales vinculados directamente a la pobreza. Originalmente, el dinero se queda en la superestructura política y en la manutención de una clase media política que no tiene futuro en el Estado. Es plata colocada parasitariamente en los bolsillos de un grupo social que no produce riqueza.

Pese a esta política errada de cooperación, en Nicaragua existen fundaciones privadas que generalmente son auspiciados por el sector financiero y algunos patrimonios familiares de empresarios que se encargan de desarrollar programas de salud que coadyuvan y complementan los programas del Gobierno en el área de la salud y la vivienda.

Un amigo experto en política internacional, cuyo nombre me reservo, me decía que la ayuda estadounidense a Nicaragua, a lo largo de su historia, se ha caracterizado por su apoyo exclusivo a una denominada sociedad civil que nunca termina de desarrollarse y que se termina convirtiendo en una elite política. Mi amigo no deja de tener cierta razón. Estados Unidos debería cambiar sus prioridades. Está a tiempo.

En este sentido debiera reenfocar su ayuda, no fabricando líderes políticos ni financiando oposiciones sin arraigo popular. Creo que el dinero de los contribuyentes norteamericanos merece un mejor destino, una mejor causa. ¿Y qué mejor causa que la de paliar la pobreza? De nada sirve financiar políticos que no llegan al poder. Es desperdiciar sin razón unos cuantos millones de dólares.

*Periodista.

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