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Ha sorprendido a moros y cristianos --literalmente-- la inesperada y decidida irrupción de Rusia en el sangriento conflicto sirio. Sin aviso previo, el 30 de septiembre, la aviación rusa inició ataques aéreos contra el Estado Islámico (EI), en apoyo de operaciones terrestres del ejército sirio. La intervención rusa era respuesta a una petición oficial de Siria, es decir, se enmarca dentro de los parámetros estrictos del Derecho Internacional.

Otro hecho relevante había acontecido una semana antes, sin que recibiera mayor atención: la apertura, en Bagdad, de un Centro de Información, formado por Rusia, Siria, Irán e Irak, con el fin de coordinar acciones contra el EI. Es decir, que los tres gobiernos chiitas de la región y Rusia, habían decidido coordinar esfuerzos para elaborar políticas efectivas y conjuntas contra el EI y otros grupos terroristas.

A este segundo hecho se suma un tercero. Hace pocos días, el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, declaró: “Suministramos armas a los kurdos a través del gobierno Irakuí y en el centro de información creado en Bagdad, además de los militares de Irak, Siria, Irán y Rusia, están presentes los kurdos”. En la nueva alianza están todos, incluyendo los kurdos, adversarios de Turquía. Egipto ha apoyado la acción, pues “la entrada de Rusia en esta lucha… tendrá como efecto la erradicación del terrorismo en Siria”. Declaración relevante, por el peso de Egipto en el mundo árabe.

Los bombardeos rusos sobre el EI han puesto en evidencia la política de la OTAN, demostrando que sus bombardeos eran inocuos, pues el EI seguía actuando en Irak y Siria sin retroceder un metro. Los bombardeos rusos, en cambio, han tenido efectos inmediatos. El EI están evacuando a sus familias hacia Irak --que ha pedido que Rusia actúe en territorio Irakuí-- y varias unidades estarían huyendo hacia Jordania.

La irrupción rusa en Siria y la alianza con Irak e Irán tiene una lectura más seria. A partir de 2011, EE.UU., Turquía, Arabia Saudita e Israel pusieron en marcha una operación para destruir el régimen de Bashar Al Asad en Siria. No por razones humanitarias ni democráticas. Se trataba de derrocar al único y vital aliado de Irán en la región --principal objetivo de Arabia Saudita--; de romper las vías de suministro de armas a Hezbolá y, por tanto, de liquidar a Hezbolá --objetivo principal de Israel--; de sacar a Rusia de juego en Oriente Próximo --objetivo de EE.UU.-- y de imponer un régimen títere, propósito de Turquía. Para conseguir esos objetivos, Arabia Saudita, EE.UU. y Turquía crearon al Ejército Libre Sirio (siguiendo el modelo de la contra en Nicaragua) y, luego, al EI. Israel sostenía a Al Nusra, la rama de Al Qaeda en Siria, que opera desde los ocupados territorios del Golán sirio. Eliminar al régimen sirio dejaba otra ganancia: impedir que Irán e Irak (países con gobiernos chiitas) pudieran sacar 
petróleo y gas al Mediterráneo a través de Siria.

La guerra múltiple en Siria es resultado del reacomodo de fuerzas en Oriente Próximo, entre Irán y Arabia Saudita, en primer lugar, pero, de fondo, entre la OTAN e Israel, por una parte, y Rusia e Irán por la otra. Geopolítica pura y dura que solo la tragedia de los refugiados devolvió a primera plana en Europa.

La irrupción de Rusia en Siria ha dividido a los europeos. Para el primer ministro británico, David Cameron, voz de EE.UU. en Europa, esa irrupción solo complicará la situación en Siria. Para la canciller Angela Merkel, cuyo país es el más afectado por la tragedia migratoria, el conflicto sirio exige un “esfuerzo militar”, que debe incluir un “proceso político” con la participación de Al Asad. El exministro alemán de Exteriores, Hans Dietrich Genscher, es más claro: “Lo que nos enseña Siria es que la paz en Siria es nuestra paz”. Genscher dice más: “En cuestiones como la de Ucrania y en cualquier otro conflicto internacional, hay que tener muy claro que no habrá solución definitiva que no incluya a Rusia. No sin Rusia y, desde luego, no contra Rusia”.

La nueva situación creada por Rusia ha dejado claro quién es quién y dónde está sentado en el sangrante tablero de Oriente Próximo. Lo que siga dependerá de la posición de los países atlantistas. Si cambian de política para favorecer la paz, en unos meses el EI quedaría en grupo residual. Liquidado el EI, la paz en Siria podría alcanzarse en negociaciones entre las fuerzas opositoras moderadas y el gobierno sirio. Nada de esto podría ser posible sin la decidida acción de Rusia. Que ha sacado el músculo para hacer ver que sin Rusia e Irán no hay paz posible, aunque puede haberla juntando fuerzas de Rusia, Siria, Irán, Irak y los kurdos. Ahora la OTAN debe decidir.

*Profesor de Relaciones Internacionales.

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